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lunes, diciembre 6, 2021

Regresar a clases presenciales: instructivo de uso

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Los nuevos lineamientos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos para que los estudiantes vuelvan a clases presenciales son un buen primer paso, pero se necesitará más para regresar a las escuelas todos los días.

Por Emily Oster / © New York Times

A once meses del inicio de la pandemia, las escuelas permanecen cerradas en muchos lugares de Estados Unidos. Como muchos maestros siguen a la espera de ser vacunados, la duda sobre si deben reabrirse ha sido puesta a debate en ciudades como Chicago, donde los maestros acaban de volver a las aulas después de largas negociaciones. En San Francisco, el fiscal de la ciudad demandó al distrito escolar por no lograr impartir clases presenciales. El 12 de febrero, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), que han reconocido que el aprendizaje presencial se puede realizar de manera segura, anunciaron lineamientos sobre cómo hacerlo. Sus recomendaciones incluyen uso universal de cubrebocas, lavado de manos, distanciamiento social, rastreo de contactos y desinfección.

Según los nuevos lineamientos, para reabrir por completo las escuelas primarias, secundarias y los bachilleratos de Estados Unidos a la enseñanza presencial, las tasas de infección de la COVID-19 en una comunidad deben ser muy bajas; en la actualidad, pocos lugares en Estados Unidos cumplen con los criterios de la agencia. Mientras tanto, llevar a los estudiantes a las aulas para media jornada o restringir la asistencia a niños más pequeños podría seguir siendo la norma en muchos lugares.

Los CDC han dado un buen marco de referencia para lograr que más estudiantes regresen a los salones de clases. Sin embargo, los lineamientos dificultan hacer lo mejor para los niños del país: que todos los estudiantes, de todos los grados, estén presentes en las aulas cinco días a la semana.

La pandemia nos ha sorprendido una y otra vez. No obstante, debido al punto en que estamos, para el otoño es probable que una gran proporción de adultos estén vacunados y con certeza todos los maestros y el personal escolar deben tener acceso a las vacunas. Incluso con la propagación de las nuevas variantes del coronavirus, es probable que las altas tasas de vacunación disminuyan las tasas de COVID-19 (con suerte, disminuirán mucho). Sin embargo, es muy poco probable que los niños, sobre todo los menores de 12 años, hayan sido inmunizados para el otoño. Y no deberíamos esperar que las tasas de COVID-19 se reduzcan a cero para ese entonces o tal vez nunca.

Eso significa que las escuelas estadounidenses podrían enfrentar una situación diferente y menos peligrosa este otoño. Como resultado, los CDC deberían identificar dónde pueden actualizar sus lineamientos, cuando las tasas de infección disminuyan y las inoculaciones continúen, para asegurar que la mayor cantidad de niños puedan tomar clases de forma presencial cuando comience el siguiente año académico.

Los niños sin vacunar y la presencia de algunos casos de COVID-19 no deberían evitar que las escuelas reabran con un modelo cercano al normal. Los datos no apoyan la necesidad de esperar a que los niños estén vacunados para regresar a la escuela. Los niños son menos propensos que los adultos a infectarse de coronavirus y tienden a desarrollar casos menos graves. Además, las pérdidas para ellos al no acudir de manera presencial a la escuela son considerables.

Uno de los mayores obstáculos logísticos para reabrir es la recomendación de mantener dos metros de distancia entre los estudiantes: muchos planteles no tienen el espacio necesario. Los lineamientos de los CDC indican que esta distancia es crucial; incluso cuando la propagación comunitaria se encuentre en su punto más bajo, los lineamientos de la agencia recomiendan mantener los dos metros “lo más posible”. Sin embargo, algunos expertos en salud pública han argumentado que poco menos de 1 metro es suficiente; es posible que incluso una distancia menor pueda funcionar. Abrir a la máxima capacidad podría requerir que las escuelas usen la regla de menos de 1 metro o que encuentren la manera de expandirse. La agencia también debería proveer lineamientos más explícitos sobre la ventilación en los salones de clase. ¿Cuántas ventanas abiertas son suficientes? ¿Se requieren filtros de aire HEPA?

Las escuelas pueden crear cohortes, o grupos pequeños, para limitar el número de niños que interactúan entre ellos; esto reduce la propagación y también disminuye el impacto de una cuarentena cuando los niños son expuestos a la COVID-19. Sin embargo, las cohortes son más difíciles de manejar con estudiantes de secundaria y bachillerato que cambian de clase varias veces al día; además, podrían requerir más personal y aulas de las que poseen los planteles.

El autor es profesora de Economía en la Universidad de Brown y organizadora del comité de respuesta escolar para la COVID-19. Es la autora de Cribsheet: A Data-Driven Guide to Better, More Relaxed Parenting, From Birth to Preschool.

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