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miércoles, mayo 18, 2022

Editorial: «Pandemias sociales»

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La Carta Pastoral presentada a la sociedad por la Conferencia del Episcopado Dominicano, con motivo de la celebración del Día Nacional de Nuestra Señora de la Altagracia la pasada semana, convoca a la reflexión sobre la problemática socioeconómica nacional para adquirir conciencia sobre la necesidad de aunar esfuerzos y voluntad política en la búsqueda de superar las crisis que atormentan a la población.

Para los obispos dominicanos, problemas como corrupción, delincuencia, violencia, antivalores e inflación son pandemias sociales que inquietan, desesperan y afligen a las familias, porque cada día la vida se torna muy difícil y subsistir es una odi­sea.

Además, se resaltan como otras pandemias la mentira, el odio, el amor por el dinero, inconductas, irrespeto a los derechos humanos, perdida de la espiritualidad y violencia intrafamiliar

Frente a esa agobiante  realidad, es un compromiso patriótico de gobernantes, clase dominante y gobernados asumir con responsabilidad los desafíos alrededor de un plan de nación y una cruzada, con los fines de rebasar los males sociales y económicos en aras de dignificar la existencia de las personas.

Corresponde a quienes están en el poder, por consiguiente, encabezar las iniciativas orientadas a garantizar el bienestar social con respuestas satisfactorias a las necesidades de trabajo, alimentación, salud, educación, sana recreación y seguridad ciudadana, porque son derechos humanos fundamentales para vivir con dignidad.

La Conferencia del Episcopado Dominicano ha expuesto con madurez y prudencia la panorámica socioeconómica del país, por ende, es un deber de todos los sectores nacionales poner atención a la epístola católica y tras meditar decidir trabajar unidos por la paz social y la preservación de la democracia.

Se requiere de un sistema político, social y económico fundamentado en  la solidaridad, la honestidad y el humanismo, en la medida que son factores determinantes para la convivencia pacífica y el bien común.

Sin embargo, la misiva de los obispos despierta  luz y esperanza, porque se sujeta en consejos e ideas que abren los cursos para construir una mejor sociedad e inspira a luchar por un futuro promisorio; ese es el gran reto de todos por la Patria y la felicidad de los dominicanos.

Pese al drama inhumano y todas las dificultades imperantes en República Dominicana,  hay que ser optimista, pero es un deber  ciudadano labrar el sendero hacia la transformación de la sociedad y el bienestar social.

Si se aceptan y emprenden las su­gerencias de la Iglesia Católica, al final se puede proclamar que “No todo se ha perdido”.

Fuente: ©La Información.

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