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miércoles, mayo 18, 2022

Letras y libros, Clásicos de la Literatura Universal

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Ingrid González de Rodríguez

Nunca será fácil en un campo tan vasto como el de la literatura, seleccionar los autores y las obras que por sus valiosos aportes permanecen vigentes en el tiempo, trascendiendo épocas, fronteras geográficas, estilos y modas. El conjunto de obras, catalogadas en la nomenclatura de “Grandes Clásicos de la literatura Universal”, reúne una serie de libros que la tradición cultural ha consolidado como obras maestras, a través de la historia.

Al hacer un recorrido por los más importantes creadores universales de la literatura, nos suscribimos a la idea de Eliot en que “los clásicos encarnan los modelos humanos más elevados de la mente y la moral; son civilizados y civilizadores. Y viven incluso en las lenguas muertas (como los hexámetros latinos de “La Eneida”.   Muchas obras clásicas, han sido capaces de cambiar la vida de las personas, y, en consecuencia, han influido en el destino del mundo. La esencia de un clásico radica en la pluralidad infinita de sus textos, en su propia flexibilidad, en su habilidad para ser a la vez antiguo y, sin embargo, moderno. La atemporalidad de los clásicos reside en el hecho de que resisten la prueba del juicio de las generaciones posteriores, dando a todas inspiración y experiencias de belleza que amplían y enriquecen la vida.

Estos autores abordan el difícil arte de vivir en sus aspectos esenciales: el sentido de la vida y la muerte, la elección del bien, el equilibrio personal, las claves de la felicidad, la justicia, la libertad, la amistad, el amor, la inmortalidad, etc.  Todos coinciden en identificar la plenitud humana con la afirmación de la dignidad de la persona, ser autónomo, libre y responsable. Sociólogos como C. S. Lewis (La abolición del hombre, 1947) han afirmado que la dignidad del hombre y su derecho a ser y vivir como hombre han sido el valor común a todos los pueblos de la historia”.  Las obras clásicas, son libros notables tanto por sus temas como por su forma de expresión, una instancia donde la literatura pasa a ser arte de la palabra, expresión simbólica, creación de significado y postulado de valores. Muy especialmente, los valores que en cualquier jerarquía racional les corresponde el puesto de supremos, son la verdad, el bien y la belleza. Son los tres valores, que al postular su actualización en el mundo se reducen a otro valor más excelente que ellos: Dios entre nosotros.

No cabe duda, la literatura es una gran maestra de vida y si la aventura de leer siempre resulta emocionante, mucho más aún puede serlo cuando nos atrapan los clásicos, textos fundamentales en la historia de la Literatura Universal.

El término clásico en literatura – afirma Borges – se refiere a aquel libro, que una nación o un grupo de naciones o el largo del tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”; y escritores como Saint -Beuve (La intervención del lector 2007, 7) han afirmado “que el verdadero clásico es un autor que ha enriquecido el espíritu humano, que ha aumentado realmente su tesoro, que le ha hecho dar un paso adelante, que ha descubierto alguna verdad moral sin equivocarse o recuperado alguna pasión eterna cuando todo parecía conocido y explorado, es aquel que entrega su pensamiento, sus observaciones o sus intervenciones bajo una forma, cualquiera, ancha y grande, fina y sensata, sana y real en si misma, es el que ha hablado a todos desde su propio estilo, convirtiéndose este en el de todos, un estilo nuevo, sin neologismos, nuevo y auténtico, cuya contemporaneidad permanece, cómodamente, a lo largo del tiempo”.

Fournier, Marcos y González Robles (2002, 2) explican:

“Cuando nos enfrentamos el concepto de lo clásico, nos viene a la mente la idea de lo antiguo, lo viejo, aquello que ha caído en desuso, lo que se recuerda, pero que no se utiliza en nuestro diario vivir.  Aunque mucho de lo denominado clásico comparte el criterio de antigüedad (no así el de desuso), no podemos confundir estas ideas. Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, clásico es “el autor o la obra que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier literatura o arte”. Por tanto, lo clásico no tiene que ser antiguo, sino digno de estima ante los ojos de la sociedad; y esto, a tal grado, que sea apetecible e imitable”.

Al seleccionar las características de una obra clásica (cf.) Fournier, Marcos (2002, 2, 3) enumeran 4 características que ayudan a distinguir lo que es o no es un clásico:

*“Elegancia: tiende a buscar formas bellas de expresión. Se aparta de lo cotidiano, lo común, pero siempre basándose en el buen gusto. Si al enfrentarnos al objeto estudiado nos resulta airoso, dotado de gracia y sencillo, entonces sabremos que cumple con lo que llamamos elegancia.

* Pureza: tiende a manifestarse tal cual es, sin dejarse influir por otras tendencias; ostenta sus propias características. Se ajusta a las propuestas del movimiento al que pertenece. La sobriedad es su ideal, y la exageración su mayor enemiga. Es ajeno a la discordancia. Por tanto, lo puro tiende a lo simple.

*Perfección: tiene el mayor grado posible de excelencia, de bondad. Dentro del movimiento al que pertenezca, se va a distinguir por lo riguroso de la forma, sin que esta altere el fondo. Sabemos que una obra es perfecta cuando provoca en nosotros la sensación de armonía.

*Proporción: en aras de la armonía, una obra clásica se distingue por cuidar la disposición de sus partes conforme con la tendencia artística en la que se manifieste. La obra que posea esta característica tendrá que mostrarse con coyuntura, conveniencia a la finalidad de la obra; es decir, conforme a las reglas establecidas en la manifestación, tendencia o movimiento donde se cree la obra. Es por ello, que una obra proporcionada da la sensación de plenitud, sin que podamos decir que le sobra o falta algún elemento. Nos dará la idea de que está en su punto”.

Las obras que reúnen las características antes mencionadas se convierten en cánones que de alguna u otra forma reflejan el entorno en que se dieron y la vida de la gente. Al leerlas nos damos cuenta de que las distintas expresiones artísticas que han surcado la historia muestran a la vez la visión de la realidad propia de cada artista y la de su contexto cultural e histórico.

 Fuente: © La Información.

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