José Jordi Veras R.

Jordi Veras

A propósito de haber estado leyendo los artículo de nuestro padre, Ramón Antonio (Negro) Veras, sobre lo que ha significado el valor de los derechos humanos y la libertad de expresión, para la época de los doce años de Balaguer.  Nos trajo a la memoria la experiencia que fue para nosotros vivir la muerte por el asesinato del afamado y valiente periodista dominicano, Orlando Martínez, a sabiendas que hoy se celebra el día nacional del periodista.

Esto anterior, unido al reciento trabajo especial, a modo de entrevista que realizamos, en honor al comunicador y periodista, Huchi Lora, que habíamos sostenido a modo de encuentro con él.  Y hemos querido resaltar esta fecha, a propósito de lo importante que sigue resultando ese llamado cuarto poder para una sociedad. Nos indica, Huchi, que siempre supo que deseaba ejercer ese oficio, cuando con apenas, 8 años de edad, crea su propio periódico, que lo llamó,  El Martillazo, por lo duro que debía darle a la máquina que su padre, le había comprado a un vendedor ambulante.

Don Huchi, en la reseñada entrevista, resalta el carácter de Orlando, lo pausado que era, sin estridencias ni hablaba con ademanes, sin embargo, con mucha fortaleza en sus principios, valores morales y sus convicciones políticas.  Nunca de dejo de ser, acorde a lo que cada quien leía en su columna Microscopio, en el periódico Nacional, que todo cuanto se veía en sus letras era lo que cada quien que lo conocía, ejecutaba en acciones.

Recordamos esa noche bien oscura, de la muerte del preclaro periodista, y nunca olvidaremos en la galería de nuestro hogar, en ese entonces ubicada, en los Jardines Metropolitanos, viendo a nuestro padre recibir la noticia y llorar.  Recordando, que tiempo antes, el propio Orlando, había hecho un viaje desde Santo Domingo, solamente para decirle a papi, que le bajara algo a los artículos que estaba escribiendo, porque entendía estaba muy directo y duro contra el régimen de Balaguer.  Y miren quién resultó asesinado.

No debemos olvidar también, la otra cantidad de periodistas que fueron víctimas de un sistema intolerante y donde decir la verdad o expresar sus ideas contrarias al régimen del momento, tenían su precio y debemos recordar nombres como: Gregorio García Gastro (Goyito); Guido Gil; Enrique Piera (padre de Nuria); Plinio Díaz Vargas, Abraham Rodríguez, Frank Cruz Bergés, entre otros.

Sigue siendo importante para una sociedad como la nuestra, que las informaciones, hechos y acciones que se producen ese medio social, sean expuestos con la credibilidad y responsabilidad que dicta la norma de un buen periodismo.  Que no exista más compromiso, que con la propia verdad y la justicia social.  Que puedan cambiar y transformar todo sistema que tienda ser contrario a los intereses nacionales.

Hoy las cosas han cambiado. Son otras realidades.  Sin embargo, no debemos olvidar que toda aquella sangre derramada, ha sido y fue la base y fundamento, de las libertades del que goza el ejercicio del periodismo y la comunicación en nuestro país.  Y hoy podrá haber restricción, en hablar o escribir, no por el temor, sino por el interés que pueda representar esa persona que ejerce el periodismo.

En una ocasión, José Martí lo dijo con una metáfora: “detrás de un buen periódico hay “una mano enguantada que lo escribe y unos labios sin mancha que lo dictan”.   El medio sobre el cual ejerce su labor el periodista, debe brindarle la libertad que requiere para ejercer su actividad, y el periodista, saber la responsabilidad que asume en su papel, y recordar las palabras, del fenecido y afamado en este oficio, de origen colombiano, Javier Darío Restrepo, firme pluma, al expresar: “el periodismo es un servicio público que el periodista presta a través de la información».

Que este día, en especial, cada dominicana y dominicano, pueda reconocer, el valor que supone tener un periodismo decente, honesto y responsable en su entorno.  Recordar que se toma como punto de partida esta fecha, porque fue la misma en que se creó el primer periódico dominicano: El Telégrafo Constitucional, en el año 1821, durante el España Boba.  Loor, aquellas y aquellos, que ejercen tan digno oficio y lo respetan.

Fuente: © La Información.

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