¿Abinader contra la cultura?

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El presidente Abinader no habló una sola palabra sobre cultura en su mensaje a la nación.

Por MIGUEL D. MENA.

El presidente Abinader estaba a punto de ir a la inauguración de la Feria Internacional del Libro cuando uno de sus consejeros le recomendó que el auto presidencial mejor cogiera para el Palacio.

Bajo la Presidencia del presidente Abinader la Editora Nacional ha publicado tantos libros como yo he hecho viajes a la luna.

¿Está el presidente Abinader contra la cultura?

No, por lo contrario. Si algo ha sabido el Sr. presidente ha sido de rodearse de cualificados empleados, de académicos de grandísima valía, muchísimo más que las dos gestiones anteriores. En el aspecto de los técnicos, bajo Abinader estamos en mejores condiciones que en las gestiones del PLD: con más vuelo, transparencia, demostraciones de eficacia.

Pero estos detalles últimos contrastan con el papel de la cultura y de su Ministerio.

¿Es que el Ministerio de Cultura sigue siendo muchísimo más de lo mismo?

Eso no solamente se cree: es lo que está demostrando.

Luego de las devastaciones producidas por las gestiones de Pedro Vergés y de Eduardo Selman, lo que vino no fue más alentador. Cierto que los años de la pandemia impusieron su impronta, pero a la montaña de empleados oxidados se le agregó una con no mejor cara. La primera feria del libro pospandemia fue tremendo fracaso, a pesar de los 75 millones de pesos. Se invirtieron más recursos en el pago de picapollos y en el alquiler del escenario que en libros. Los estantes daban más pena que los refugiados de Afganistán o de Ruanda. De los invitados, apenas tres se vieron degustando algún tour por el Parque Duarte, presidentes en mano. Como siempre hubo escritores contentos con los cinco mil pesos entregados tres meses después de esa contienda -porque Feria no fue-, hubo sus puntos positivos, pero en general confirmamos la insignificancia de la vida cultural ministerial.

Seguramente a Luis Abinader le preocupa el Ministerio de Cultura, como a una gallina le inquietan todos sus pollitos. Mal que bien, una simple marquita en el cuerpo puede ser inicio de cáncer. Y si en Cultura sigue agrandándose los hoyos negros de las actividades, las finanzas, los manejos, los recursos, en algún momento le rebotará en la misma cara al Gobierno.

El presidente Luis Abinader tendrá más arriba de los moños a la ministra Milagros Germán, pero, ¿qué hacer con la megadiva? ¿Tirarse de enemigo a Acroarte, a los ganadores del Soberano, a todos los comberos e instagrameros con ansias de triunfo?

Sé que ni María Asela, ni Jatna ni siquiera Nuria meterían la mano por la ex estrella del canal 9 ahora enfluzada en el puesto de Ministra, pero hasta para ponerse un vestido hay que plantearse límites propios, y de verdad que no veo a Milagros Germán en el traque cotidiano que representa un Ministerio de ese tipo. Seguramente que una central nuclear en Ucrania daría menos problemas que una oficina de Cultura en el malecón. Pero para el gusto se hicieron lo que ustedes saben. No hay que abundar más.

Esperamos que esta nota sirva para aviso de incendio: de los campos incinerados de nuestra cultura, del progreso del fundamentalismo religioso que quiere borrar la diversidad cultural de la africanía, de la carencia de libros, de la muerte de los libros a manos del mismísimo Ministro de Educación, de un Librería de Cultura borrada de la faz de la Ciudad Colonial, del tigueraje que va deviniendo en pura mafia siciliana y si no que investiguen los cientos de millones pagados por el Estado solamente para hacer copy-paste de pdf de librísimo acceso en Educación.

Luis Terror Días diría: “¿Y es que no les da vergüenza?”.

Yo también diría lo mismo.

Presidente Abinader: un país no solamente progresa por la apertura de puertos, minas y carreteras o llegada de millones de turistas chinos. También la Cultura y sus objetos nos permiten progresar: permítanos que los buenos libros nos acompañen tanto como los elevados, el buen teatro y los buenos menúes en Punta Cana y el buen cine sea parte de nuestras vidas como el salami y las hermosas playas de Samaná.

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