La nueva fase se realizará en escuelas y centros de vacunación. (Foto de archivo: Escuela Trina Moya de Vázquez)

El Ministerio de Educación (Minerd) distribuyó el martes una nota de prensa que el argot periodístico denomina de cajón (aquella obviedad que se desempolva para ocasiones determinadas) en la que da garantías del éxito del año escolar 2022-2023 programado para comenzar las clases el próximo lunes.

Y aunque el Minerd garantiza el éxito, pocas veces se había visto el inicio de un año lectivo tan cargado de carencias y de ruidos.

Para peor este arranque lo han “adornado” los debates y cuestionamientos a su presupuesto de 4 % del PIB, con un consenso alrededor de que ahora hasta “sobra” dinero, pero el salto en la calidad educativa no ha ocurrido y tampoco se avanzó tanto como se había acordado.

Hay que acompañar al Minerd y sus buenos deseos, pero también deplorar temas como la falta de pupitres, se calculan 187,384, y la amenaza de demandas judiciales de asociaciones fabricantes de muebles escolares.

Pero se empieza con el propio ministerio aclarando que trabaja a marcha forzada junto a Obras Públicas para la terminación de 718 planteles a medio construir.

Y además con el hito de que para dar espacio a cerca de 300 mil estudiantes que no tienen cupo asegurado en los planteles públicos, se implementará un bono para financiar en colegios privados a solo un tercio de esa cantidad.

Esto no será fácil de implementar porque, con el año escolar encima, la Asociación de Instituciones Educativas Privadas (Ainep), lo deja a discreción de sus miembros y según la disponibilidad con que cuenten.

Agréguese a todo esto que la marea está alta en torno al Inabie, dependencia del Minerd, donde las denuncias de irregularidades en las licitaciones son el pan nuestro de cada día.

Ante tantas vicisitudes hay que aferrarse al cliché de ver los retos como oportunidades, y poner la esperanza en que la ADP garantice un clima de paz en las aulas y que cada padre, madre o tutor de los estudiantes, haga su tarea de corresponsabilidad.

Y, finalmente, que el nuevo ministro, que llega precedido de fama y prestigio, pueda marcar un cambio radical en el rumbo del sistema educativo dominicano.

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