El triple crimen cometido por uno o más haitianos contra tres personas dominicanas en una comunidad de Puerto Plata, no solo debe conmocionar la conciencia nacional, sino que debe ser seguido por las autoridades dominicanas para esclarecer las motivaciones que llevaron a ese desenlace fatal que enluta a varias familias dominicanas.

El terrible hecho de sangre también provocó la reacción de los moradores de la comunidad donde se materializó la tragedia, los cuales llenos de ira procedieron a incendiar las viviendas de los haitianos que habitaban en esa comunidad, induciéndolos a abandonar el lugar.

El impacto del triste acontecimiento se proyecta en medio del problema estructural que significan las relaciones domínico-haitianas, hoy día en permanente tensión a consecuencia de la crisis que vive el vecino país, en el cual ya no hay un gobierno legítimo y operacional, sino que su cotidianidad la dominan varias bandas armadas que imponen el caos y la anarquía.

Esa situación de ingobernabilidad en Haití acentúa el problema de la inmigración ilegal de haitianos que buscan del lado dominicano mejores condiciones de vida, que Haití ya no puede garantizarles.

Esa amenaza ha llevado al gobierno dominicano no solo a reforzar la frontera con militares, equipos y con la construcción de un muro que impida la entrada en masa de haitianos despavoridos, sino que ha motivado que el gobierno dominicano haya levantado su voz en los foros internacionales, procurando que la Comunidad Internacional vaya en ayuda del pueblo haitiano.

El propio presidente Abinader ha encabezado una cruzada en favor de Haití, argumentando ante la ONU y la OEA que “no hay solución dominicana al problema haitiano”.

Pero mientras la Comunidad Internacional se manifiesta en favor de Haití ayudándolo en su pacificación y restauración del Estado haitiano, el Gobierno dominicano debe emplear todos los recursos necesarios para maximizar el control fronterizo, de modo que se normalice el comercio a través de la frontera, al tiempo que se garantice el impedimento de la entrada masiva de los inmigrantes haitianos ilegales.

Dadas esas circunstancias, en el país se seguirán produciendo hechos de agresión y de sangre entre los nacionales haitianos y los dominicanos, como el de la tragedia de Puerto Plata.

Ese hecho debe provocar la intervención de las autoridades del orden público y del Ministerio Público, para que se investigue y se esclarezca, determinando si el mismo se inscribe en las complicadas relaciones entre las dos naciones, o si se trata de un hecho de sangre común provocado por unas inadecuadas relaciones humanas entre las víctimas y el o los victimarios.

¡Qué se aclare y se distinga la naturaleza de esa tragedia!

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