El año está terminando con un saldo de inquietudes coyunturales que definen un clima cargado de expectativas pesadumbrosas.

Pese al esfuerzo que hace el gobierno por llenar el clima navideño de recompensas de fin de año, destinando grandes sumas de dinero en regalía, bonos y otros halagos, denominados “brisitas navideñas”, otros hechos se encargan de obscurecer e inquietar los aires esperanzadores de la Navidad.

Entre esos otros hechos negativos se destaca la ola de criminalidad y delincuencia que periódicamente se desata atemorizando a la ciudadanía y alterando la tranquilidad ciudadana.

Ante esa ola en contra de la seguridad ciudadana, las autoridades del Gobierno y de la Policía Nacional, han respondido con otra cadena de muerte ahora en contra de los supuestos delincuentes, que una buena parte de la población ve con muy buenos ojos, convencida de que el “darle pa’ bajo” es la fórmula tradicional efectiva para combatir la delincuencia.

Ojalá que esa tradición no haga diluir los esfuerzos institucionalistas que ha asumido este presente Gobierno, en favor de una reforma policial que ponga a esta institución en el sendero de su transformación, de modo que se convierta en una Policía moderna, capaz de contribuir a la paz pública, en el marco civilizatorio del respeto a los derechos humanos y civiles de la ciudadanía.

Qué la criminalidad coyuntural no confunda el sano propósito estructural de alcanzar una verdadera policía reformada que garantice el orden público, sin corrupción ni arbitrariedad.

Otro aspecto coyuntural que enrarece el clima de fin de año consiste en la ola de virus y agentes contaminantes que se traducen en variadas enfermedades contagiosas y que exigen de las autoridades sanitarias mantener activos y visibles los programas y operativos de vacunación que permitan controlar el contagio expansivo de esas enfermedades, sobre todo en los pueblos de la frontera para evitar la entrada desde Haití de esos agentes patógenos.

En ese orden hay que renovar los esfuerzos contra el rebrote del Covid-19, cuyo nivel de contagio experimenta alzas en las últimas semanas.

Un esfuerzo especial debería ser asumido por las autoridades para prevenir y reducir los accidentes de tránsito con su saldo de muerte, en especial en esta época de fin de año, de modo que esta expectativa tenebrosa no se traduzca en hechos fatales que afecten a tantas familias dominicanas.

Ante ese clima de inquietudes coyunturales, el Gobierno debería cerrar el año con un resumen audiovisual, resaltando los aportes estructurales que está haciendo su agenda en materia de salud, de agua y saneamiento, de subsidios que han atenuado la inflación de precios, en seguridad alimentaria, viviendas, el amplio programa de infraestructura vial, remediación de los daños de los desastres naturales, la recuperación económica y el establecimiento de las bases para la realización de grandes proyectos de inversión público-privados, que colocarán a la nación en el camino del desarro­llo, con institucionalidad democrática y con saneamiento ético y moral del Estado.

¡Destaquemos las tendencias positivas hacia el futuro!

Fuente: La Información. 

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