Fideicomisos Públicos: ¡Cuidado!

FIdeicomiso de Punta Catalina, tercer proyecto en el que Abinader devuelve.

El modelo económico que se iniciara en el país luego de salir de la tiranía se fundamentó en la idea de desarrollar al país mediante la “iniciativa privada”. Los EE. UU y el Grupo de Santiago, unidos a los gobiernos que siguieron a la dictadura, especialmente el que encabezó el Dr. Balaguer, aunaron esfuerzos aplicando una estrategia que interrelacionaba la iniciativa privada, la inversión pública y la cooperación internacional, y con ello alejar el peligro del “fantasma del comunismo”.

De esa manera el país se fue desarrollando, pasando de esa primera fase empresarial a otras políticamente más democráticas y ampliadas, pero siempre beneficiando la iniciativa privada y la clase empresarial. Con la entrada del neoliberalismo a partir del 1996 y su consecuente cambio político, el modelo de la iniciativa privada de mercado evolucionó hacia un modelo que corrompió la relación Estado-Mercado, promoviendo una nueva clase empresarial basada en el aprovechamiento directo de los recursos públicos, pero con apropiación privada, descomponiendo la ética del capitalismo.

A lo largo de esa relación del Estado y la iniciativa privada, fueron muchos los proyectos de inversión, que desviaron el curso en la relación Estado e iniciativa privada, degradando el propósito original y dando lugar al fomento de negocios con el Estado, muchos de los cuales solo sirvieron para que los empresarios privilegiados extrajeran beneficios públicos y del mercado, pero en perjuicio del interés colectivo de la nación.

Abundan los ejemplos de esa desviación en el sector energético con el desarrollo de plantas que eran más convenientes mantenerlas paradas y pagar la potencia instalada, así como la mágica fórmula del “Orden al Mérito” que todavía le permite a los generadores obtener beneficios “marginales” especulativos muy por encima del costo de producción según los precios del mercado.

En el sector vial fue tormentoso y lesivo al interés nacional el “peaje sombra” de la carretera de Santo Domingo a Samaná, así como la famosa fórmula corrompida de las multinacionales brasileñas consistente en “sobornar, sobrevaluar y asistir electoralmente a políticos amigos,” con lo cual se encarecían los proyectos para el Estado, al tiempo de desmoralizarlos como sucediera con el importante proyecto de Punta Catalina.

Otros mecanismos de transferencia directa del Estado al sector privado perjudicando el interés general de la nación, fue la conversión en deuda pública del endeudamiento en dólares de empresas privadas.

Esas consideraciones, vienen a propósito del debate sobre los nuevos términos y herramientas que se plantean para instrumentar la relación del Estado y la iniciativa privada, tal como son los contratos APP y más recientemente los “Fideicomisos Públicos”, que se debaten actualmente en el Congreso Nacional.

El debate sobre los Fideicomisos Públicos debe evitar que esa herramienta sea utilizada por los capitales oportunistas y especulativos para dar “nuevos zarpazos” en contra de los recursos públicos y del bienestar de la nación, aplicando el “pragmatismo” de “socializar las pérdidas y privatizar los beneficios”.

Los congresistas, tanto de la oposición como de los partidos de gobierno, tienen la oportunidad de evitar ese despropósito, siguiendo el análisis y sugerencias técnicas ofrecidas por el Ing. Carlos Sully Bonnelly Ginebra en un agudo artículo que aparece en esta edición de La INFORMACIÓN.

¡Evitemos la ocurrencia de tantos “errores conscientes”!

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