La comunidad de La Norita, en Juncalito, Jánico, vivió un momento que quedará en la memoria de todos. El pasado martes 20 de enero, con rostros iluminados por la emoción y la alegría pastoral, Monseñor Héctor Rafael Rodríguez bendijo la Capilla Nuestra Señora de la Altagracia, un espacio que promete ser mucho más que un edificio: un hogar para la fe, la oración y la fraternidad.
La bendición no fue un simple ritual. Como señaló Monseñor Rodríguez, fue una reafirmación de que Dios camina junto a su pueblo, acompañando sus historias, sus luchas y, sobre todo, sus esperanzas. Los feligreses, quienes con esfuerzo y amor hicieron posible este proyecto, pudieron sentir cómo la fe se convierte en algo tangible, en un lugar donde el espíritu se encuentra con lo divino.
El párroco Darinel Reyes y la comunidad de la Parroquia San Antonio de Padua participaron activamente en esta ceremonia que combina devoción y compromiso. “Que Nuestra Señora de la Altagracia continúe cubriendo con su manto a esta comunidad, y que esta capilla sea siempre casa de Dios y casa de los hermanos”, compartió Monseñor Rodríguez a través de sus redes sociales.
Y es que este acto deja más que un edificio: deja una señal viva de unidad y esperanza, un espacio que será testigo de historias de fe, encuentros y crecimiento espiritual por generaciones. La capilla se convierte hoy en La Norita en un símbolo de cómo la fe puede transformar comunidades, acercar corazones y fortalecer la vida en común.
En Juncalito y Jánico, la Capilla Nuestra Señora de la Altagracia no solo abre sus puertas: abre caminos de oración, encuentro y esperanza para todos.

