El mandatario exhortó a estudiantes, docentes y familias a convertir la asistencia escolar en aprendizaje verdadero
Santo Domingo Este.– El país volvió a escuchar este lunes el sonido de las alarmas antes del amanecer. Hubo mochilas recién organizadas, uniformes planchados con cuidado y desayunos preparados a toda prisa. Algunos niños salieron de casa entusiasmados; otros, todavía con sueño. Para muchos fue, además, ese primer día cargado de nervios, rostros desconocidos y salones por descubrir.
En medio de esa escena cotidiana, repetida en miles de hogares dominicanos, el presidente Luis Abinader encabezó la apertura oficial del año escolar 2026-2027 en la Escuela Espejo La Milagrosa, ubicada en La Ureña, Santo Domingo Este.
Acompañado por la primera dama, Raquel Arbaje, y el ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, el mandatario planteó un desafío que va más allá de llenar las aulas: conseguir que los estudiantes realmente aprendan.
“Ahora tenemos por delante un desafío todavía mayor: que estar en la escuela signifique aprender más y aprender mejor”, expresó ante una comunidad educativa que reúne cerca de 2.6 millones de alumnos y más de 120,000 docentes.
Abinader sostuvo que la República Dominicana proyectada hacia 2036 comienza a construirse desde ahora, en cada maestro que enseña con vocación, en cada familia que acompaña y, sobre todo, en cada niño que abre un cuaderno dispuesto a descubrir algo nuevo.
La verdad es que su mensaje tuvo un marcado tono de esperanza, pero también de responsabilidad compartida. El presidente insistió en que el progreso nacional no dependerá únicamente de carreteras, empresas, inversiones o nuevas tecnologías. “Se construirá, sobre todo, formando a nuestra gente”, afirmó.
De manera simultánea, la vicepresidenta Raquel Peña encabezó otro acto de apertura en el Instituto Politécnico Nuestra Señora de las Mercedes, en Santiago de los Caballeros.
El jefe de Estado defendió una educación capaz de enseñar a comprender, razonar, expresarse con claridad y resolver problemas. También habló de preparar jóvenes para la ciencia, la tecnología y los nuevos empleos, sin dejar a un lado los valores, el respeto, la historia y la responsabilidad ciudadana.
“Educar no es solamente transmitir conocimientos. Educar es formar personas”, subrayó.
A los maestros les agradeció esa responsabilidad silenciosa que comienza cada mañana frente a un grupo de estudiantes. A las familias les pidió preguntar cómo estuvo el día, conocer a los docentes, celebrar los avances y permanecer cerca cuando aparezcan las dificultades. Y a los alumnos les habló sin rodeos: leer, participar, hacer amigos, descubrir sus talentos y no temer a equivocarse.
“Muchas de las cosas importantes de la vida no salen bien al primer intento. Aprender también significa caer, corregir y volver a intentarlo”, señaló.
Antes de concluir, Abinader dejó una imagen sencilla: entre quienes regresaron a clases podría encontrarse una futura científica, una doctora, un maestro, un artista o alguien que apenas comenzará a descubrir su vocación.
Luego cerró con una frase que arrancó sonrisas y marcó oficialmente el retorno a la rutina escolar: “Se acabó el recreo, todos a las aulas”.

