El Jardín Botánico Profesor Eugenio de Jesús Marcano Fondeur resguarda 65 hectáreas de biodiversidad y se consolida como una gran aula natural para el Cibao
En una ciudad donde casi 800 mil personas se abren paso diariamente entre vehículos, edificios, comercios y el ritmo impaciente de una metrópoli, Santiago de los Caballeros conserva un territorio en el que todavía mandan los árboles, las mariposas y el murmullo del agua.
Es el Jardín Botánico Profesor Eugenio de Jesús Marcano Fondeur, un santuario verde de aproximadamente 65 hectáreas —unos 650 mil metros cuadrados— que demuestra que el desarrollo urbano no tiene por qué avanzar de espaldas a la naturaleza.
Inaugurado oficialmente en 2018 y concebido como un “Aula de la Naturaleza”, el jardín cumple una misión que va mucho más allá de ofrecer un lugar agradable para caminar. Allí se conservan especies vegetales endémicas del Cibao, se protegen distintos ecosistemas y se abre una ventana al conocimiento para investigadores, académicos y miles de estudiantes de los niveles primario y secundario.
La verdad es que pocos salones de clase pueden competir con este. En lugar de una pizarra, hay senderos; en vez de ilustraciones impresas, plantas vivas; y las lecciones aparecen en cada flor, cada árbol y cada mariposa que revolotea frente a los visitantes.
Entre sus espacios más concurridos se encuentra el orquideario, una parada casi obligatoria para quienes sienten fascinación por estas delicadas especies. Las orquídeas despiertan el interés de familias, aficionados a la jardinería y coleccionistas que encuentran allí un pequeño universo de formas, colores y texturas.
El mariposario, por su parte, suele robarse la atención de los niños. También atrae a entomólogos y estudiosos interesados en conocer las variedades propias de la región. Basta observar por unos minutos para comprender que, en este espacio, aprender y maravillarse forman parte de una misma experiencia.
Además, un tren permite recorrer las áreas más vistosas del jardín, acompañado por guías que explican las características del paisaje y la riqueza de su vegetación. El trayecto convierte la visita en una experiencia accesible y entretenida para personas de distintas edades.
Hay otro detalle que eleva todavía más su valor ecológico: el río Jacagua atraviesa parte de sus terrenos. Asimismo, el área se encuentra bajo un régimen especial del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, al formar parte del Monumento Natural Saltos de Tinaja.
La institución, dirigida mediante un Consejo de Administración y Comanejo, celebró recientemente su octava Asamblea General Ordinaria y Eleccionaria, reafirmando el compromiso de preservar y fortalecer este patrimonio.
Porque el Jardín Botánico de Santiago no pertenece únicamente a los santiagueros. Es una riqueza de toda la República Dominicana. Visitarlo, conocerlo, cuidarlo y enseñárselo a las nuevas generaciones no debería verse solo como una opción recreativa, sino como un compromiso colectivo con el país que todavía respira bajo el cemento.

