Nueva York abre los archivos secretos del aire tóxico tras el 11-S
Más de 170,000 páginas permanecieron fuera del alcance público durante dos décadas; los documentos podrían revelar qué sabían las autoridades mientras miles de personas respiraban entre polvo, asbesto y escombros
Nueva York.– Durante casi 25 años, el polvo del World Trade Center no solo permaneció en los pulmones de rescatistas, trabajadores y residentes del Bajo Manhattan. También quedó atrapado entre expedientes, memorandos y cajas que la ciudad de Nueva York aseguró durante años que no existían.
Ese silencio comienza ahora a resquebrajarse.
La Administración del alcalde Zohran Mamdani anunció la publicación de más de 170,000 páginas de documentos relacionados con la calidad del aire después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. El material incluye informes ambientales, registros de contaminación y comunicaciones internas entre funcionarios municipales. Estaba almacenado en 68 cajas, lejos del escrutinio público durante más de dos décadas.
La revelación obliga a formular una pregunta tan sencilla como dolorosa: ¿qué sabían las autoridades mientras aseguraban que era seguro regresar a aquella zona devastada?
Entre los expedientes figura el llamado memorando Harding, un documento que muestra que la ciudad ya contemplaba la posibilidad de enfrentar miles de reclamaciones por enfermedades, exposición a sustancias tóxicas y daños emocionales. Mientras públicamente se transmitía tranquilidad, internamente se discutían los riesgos legales de haber permitido que muchas personas regresaran demasiado pronto.
Además, algunos registros muestran la presencia de asbesto, metales pesados, hongos, bacterias y contaminantes orgánicos cancerígenos en edificios cercanos al lugar donde estuvieron las Torres Gemelas.
La verdad es que el 11-S nunca terminó para miles de familias. Solo cambió de rostro.
El Programa de Salud del World Trade Center, administrado por los CDC, reconoce que unas 400,000 personas estuvieron expuestas a contaminantes tóxicos y otras condiciones peligrosas durante los días y meses posteriores a los ataques. Con el paso del tiempo aparecieron enfermedades respiratorias, distintos tipos de cáncer y trastornos de salud mental entre rescatistas y sobrevivientes.
Más de 6,000 personas han fallecido por enfermedades relacionadas con el 11-S, de acuerdo con cifras citadas por autoridades y defensores de las víctimas: una cantidad que supera las casi 3,000 vidas arrebatadas durante los ataques.
Por eso, estas no son simples cajas llenas de papeles viejos. Cada página puede contener una advertencia ignorada, una decisión escondida o la explicación que una familia lleva años esperando.
Conviene mirar detenidamente las imágenes y, sobre todo, escuchar las palabras de las autoridades. Porque cuando una ciudad tarda 25 años en abrir sus archivos, la transparencia deja de ser un gesto político: se convierte en una deuda con los muertos, los enfermos y la memoria de Nueva York.

