El Simulacro Nacional de Evacuación movilizará este martes a familias, escuelas, empresas e instituciones; autoridades insisten en que no será un acto simbólico, sino una prueba colectiva de preparación
Santo Domingo.– Un terremoto no anuncia su llegada. No toca la puerta, no concede tiempo para recoger documentos ni permite improvisar una salida. Cuando la tierra comienza a sacudirse, cada segundo pesa. Y una decisión acertada puede separar el susto de la tragedia.
Con esa realidad como telón de fondo, la República Dominicana realizará este martes 8 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, el Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto 2026, coordinado por el Centro de Operaciones de Emergencias (COE). Participarán instituciones públicas y privadas, centros educativos, empresas, organizaciones comunitarias y familias de todo el territorio nacional.
Las imágenes y las palabras de las autoridades ayudan a comprender la dimensión del ejercicio. No se trata simplemente de escuchar una alarma, abandonar un edificio y regresar minutos después. La jornada busca descubrir fallas antes de que una emergencia real las convierta en pérdidas humanas.
A la hora indicada sonarán sirenas, silbatos y altavoces. Además, las autoridades probarán un sistema de mensajería instantánea que enviará una alerta a los teléfonos celulares, como parte del fortalecimiento de la capacidad nacional de respuesta.
Cuando se active la señal, las personas deberán mantener la calma y seguir las instrucciones del personal responsable. Correr, empujar o regresar por una cartera, un teléfono o cualquier objeto personal puede provocar caídas y entorpecer la evacuación. La salida deberá realizarse por las rutas establecidas y hacia el punto de encuentro previamente identificado.
También será el momento de observar lo que muchas veces pasa inadvertido: una puerta bloqueada, un pasillo ocupado, una escalera difícil de transitar o una salida de emergencia sin señalización. En edificios de varios niveles no deberán utilizarse los ascensores.
Si la evacuación inmediata no resulta segura, la recomendación es permanecer lejos de ventanas, cristales, lámparas, estanterías y objetos que puedan desprenderse. Niños, envejecientes, mujeres embarazadas y personas con discapacidad o movilidad reducida necesitarán atención prioritaria, con responsables y rutas de asistencia definidos de antemano.
Al finalizar, cada hogar e institución deberá preguntarse qué funcionó y qué salió mal: cuánto tardó la evacuación, si las instrucciones fueron comprendidas y cuáles obstáculos aparecieron en el trayecto.
La Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones advirtió que la preparación no puede comenzar cuando ya está temblando.
Vale la pena mirar con atención las imágenes y escuchar las orientaciones de las autoridades. El simulacro no busca sembrar miedo. Persigue algo mucho más valioso: enseñar a una población entera a conservar la calma cuando el suelo deje de hacerlo.