La lesión de Shohei Ohtani abrió un espacio en el roster de los Dodgers, pero Josué De Paula necesitó apenas tres partidos para demostrar que su ascenso no fue un simple movimiento de emergencia.
El jardinero de 21 años convirtió su primer imparable en las Grandes Ligas en una declaración de poder: un cuadrangular de tres carreras y 416 pies frente al dominicano Eury Pérez. Más tarde agregó un doble y terminó de 2-2, aunque Los Ángeles cayó 6-4 ante Miami.
No fue un batazo casual. Fue la continuación de una historia que comenzó en Brooklyn, pasó por Santo Domingo y encontró su gran escenario con uno de los equipos más exigentes del béisbol.
De Paula nació en Nueva York, hijo de padre dominicano y madre estadounidense. Durante la pandemia, cuando el béisbol escolar quedó paralizado, su familia tomó una decisión arriesgada: trasladarlo a República Dominicana para perseguir la firma profesional.
A los 15 años comenzó a entrenarse en El Niche Baseball Team, el programa dirigido por Cristian “El Niche” Batista en Villa Mella. Por esa estructura también pasaron talentos como Juan Soto, Elly De La Cruz, Otto López y Gregory Polanco.
Los Dodgers lo firmaron en enero de 2022 por 397,500 dólares. Cuatro años después, el joven que comenzó su carrera en la Dominican Summer League saltó directamente desde Doble-A hasta las Grandes Ligas, sin pasar por Triple-A.
UN BATEADOR CON PODER, PERO TAMBIÉN CON PACIENCIA
De Paula no llegó a las Mayores impulsado solamente por sus 27 cuadrangulares. En 124 partidos con Tulsa bateó .303, registró .401 de porcentaje de embasarse, remolcó 104 carreras y robó 31 bases. MLB Pipeline lo ubicó como el sexto mejor prospecto de todo el béisbol antes de su ascenso.
Además, exhibió una virtud poco común en un bateador de su edad: el control de la zona de strike. Su tasa de persecución de lanzamientos malos fue de apenas 14 %, muy por debajo del promedio registrado en las ligas menores.
Esa disciplina ha provocado comparaciones con Juan Soto. De Paula no solo espera un buen lanzamiento; observa, analiza y obliga al pitcher a entrar en su zona. Incluso se hizo viral por cuestionar con seguridad un envío que finalmente el sistema automatizado confirmó que estaba fuera del plato.
Batista entiende que esa madurez nace de una formación que va más allá de medir velocidad, fuerza o tiempo de carrera.
“Nosotros no hacemos robots”, sostiene el entrenador, defensor de que los prospectos participen en torneos, aprendan a competir y desarrollen inteligencia de juego sin abandonar la educación.
La oportunidad apareció por la lesión de Ohtani, colocado en la lista de incapacitados por molestias en la rodilla izquierda y el bíceps derecho. Sin embargo, De Paula llevaba años preparándose para cruzar esa puerta.
Su primer hit viajó 416 pies. Su historia, mucho más lejos.

