El PADRE JUAN ABREU, de la parroquia SAN ISIDRO LABRADOR, en EL RUBIO, hizo algo que no todos se atreven a hacer. ALZÓ LA VOZ.
Y no lo hizo desde el púlpito ni en medio de una homilía solemne, sino desde un lugar mucho más íntimo: sus propias redes sociales. Un video sencillo, sin adornos… pero CARGADO DE VERDAD. De esa que ya no cabe en el silencio.
Y es que lo ocurrido en la RIBERA DEL RÍO AMINA no fue un accidente ni un simple descuido. La verdad es que fue un CRIMEN ECOLÓGICO. De esos que no se borran fácil. Árboles arrancados de raíz, TIERRA VIOLENTADA, un entorno que tardó décadas en formarse y que, en cuestión de días, fue tratado COMO SI NO VALIERA NADA.
Pero lo más inquietante vino después.
EL SILENCIO.
Uno espeso. Incómodo. Casi cómplice.
Las AUTORIDADES NO HABLAN. Y la población, en gran parte, tampoco. Además, ahora parece que NADIE VIO NADA, NADIE ESCUCHÓ NADA, NADIE SABE NADA. Ni siquiera se ha dicho quién fue el TURPÉN O COTUMPOTE RESPONSABLE, como si la devastación se hubiera hecho sola, POR ARTE DE MAGIA.
Y es que cuando un sacerdote —alguien acostumbrado a predicar la paz, la reflexión y el recogimiento— siente la necesidad de DENUNCIAR PÚBLICAMENTE, algo MUY SERIO está ocurriendo. Su mensaje no fue agresivo, pero sí FIRME. Un mensaje de esos que suenan a HASTA AQUÍ. Porque cuidar la creación también es un ACTO DE FE, y mirar hacia otro lado, al final, también es UNA FORMA DE FALLAR.
Desde El Rubio, San José de las Matas, el padre Juan Abreu rompió el silencio que muchos eligieron guardar. No habló desde el altar ni desde la zona afectada, habló desde su conciencia. Y lo hizo claro. Sin rodeos.
Acompañó su denuncia con una advertencia que sacude:
“Si callamos y no denunciamos, nos quedaremos sin agua y sin planeta donde vivir. ¡El momento es apremiante!”
Y la verdad es que no es alarmismo. Son hechos.
Un daño real. Visible. Profundo.
Hoy la pregunta queda flotando en el aire, INCÓMODA, PERO NECESARIA:
¿Vamos a seguir fingiendo que NO PASÓ NADA…
o vamos a asumir, de una vez por todas, LA RESPONSABILIDAD QUE NOS TOCA A TODOS?
Porque el silencio también habla.
Y a veces, condena.















