La conversación ha vuelto a encenderse. Y esta vez, los números hablan por sí solos.
Un documento titulado “Tasa de beneficiarios de asistencia social entre migrantes, según país de origen”, publicado por el presidente Donald Trump en su cuenta de Truth Social, coloca a la República Dominicana en la quinta posición mundial entre los países cuyos inmigrantes reciben algún tipo de ayuda social en Estados Unidos.
El dato es contundente: 68.1 % de los hogares inmigrantes dominicanos reciben asistencia gubernamental. No se especifica qué tipo de ayuda —y ese detalle, la verdad es que deja espacio para muchas preguntas—, pero el porcentaje ha llamado poderosamente la atención.
En el listado global, la República Dominicana aparece solo por debajo de Bután (81.4 %), Yemen (75.2 %), Somalia (71.9 %) y las Islas Marshall (71.4 %). Además, comparte el mismo porcentaje que Afganistán.
Y es que dentro del contexto latinoamericano, el dato pesa aún más: los dominicanos ocuparían el primer lugar en América Latina en recepción de asistencia social, superando a países con comunidades migrantes mucho más numerosas en EE. UU., como México, Guatemala y El Salvador.
Para ponerlo en perspectiva, Guatemala aparece en la posición 16 con 56.5 %, seguida de El Salvador (55.4 %), México (54.0 %), Honduras (52.9 %) y Haití (52.3 %). Es decir, más de diez puntos por debajo del porcentaje dominicano en algunos casos.
Ahora bien, entender estos números requiere mirar el panorama completo. Estados Unidos sigue siendo el principal destino de la diáspora dominicana. Según el Informe Sociodemográfico de los Dominicanos en el Exterior 2024, 2,398,009 dominicanos residen en territorio estadounidense, lo que representa el 83 % del total de criollos en el exterior.
Nueva York lidera con 848,560 dominicanos. Le siguen Nueva Jersey (380,143), Florida (312,604), Pensilvania (191,094) y Massachusetts (183,910). Basta caminar por el Alto Manhattan o por barrios de Nueva Jersey para notar que la presencia dominicana no es una estadística fría: es cultura, negocios, iglesias, escuelas… vida cotidiana.
Además, la República Dominicana es el sexto país latino que más migrantes aporta a Estados Unidos, solo detrás de México, Guatemala, El Salvador, Honduras y Cuba. Y en el ámbito consular, el país ocupa el segundo lugar mundial en procesamiento de visas, superado únicamente por México. Es decir, la movilidad dominicana no es un fenómeno aislado, es constante y estructural.
Este informe, sin embargo, abre un debate más amplio. ¿Qué tipo de asistencia se contabiliza? ¿Se trata de programas de salud, alimentación, vivienda, créditos fiscales? ¿Incluye beneficios temporales o permanentes? Esas precisiones no aparecen detalladas en el documento difundido.
Lo cierto es que los números ya están sobre la mesa. Y cuando se trata de migración —un tema que mezcla economía, política y sueños personales— cada cifra tiene detrás historias humanas. Historias de familias que llegan buscando estabilidad. De padres que trabajan dobles turnos. De jóvenes que estudian mientras ayudan en casa.
Las estadísticas pueden generar titulares, pero también invitan a mirar más profundo. Porque detrás de cada porcentaje hay una realidad compleja, matizada y, sobre todo, profundamente humana.










