El béisbol dominicano amaneció con una noticia que remueve recuerdos y aprieta un poco el corazón: Juan Lagares anunció oficialmente su retiro del béisbol profesional. Y la verdad es que no se va cualquier jugador. Se despide un referente silencioso, un guardián del jardín central que convirtió la defensa en arte y la disciplina en bandera.
Durante años, Lagares fue sinónimo de seguridad para las Águilas Cibaeñas. Si la pelota salía rumbo al central, la fanaticada respiraba tranquila. Su alcance parecía interminable. Su guante, firme como una promesa cumplida. No necesitaba grandes discursos; su liderazgo se notaba en la forma de correr cada batazo, en cómo se colocaba antes del pitcheo, en ese respeto casi sagrado por el juego.
Más allá de los números —que también hablan— su verdadero impacto fue humano. Compañeros y técnicos lo describen como un profesional íntegro, de esos que llegan temprano, trabajan en silencio y se van dejando el uniforme sudado. Además, su presencia elevaba el nivel competitivo del equipo. Era, por decirlo claro, una garantía defensiva y emocional.
Uno de los capítulos más brillantes de su carrera llegó en 2021. Fue Jugador Más Valioso de la Serie Final de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana, guiando a las Águilas a un campeonato celebrado a lo grande en Santiago. Y es que ese mismo año firmó una actuación histórica en la Serie del Caribe, donde también fue elegido MVP, una distinción que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del béisbol dominicano.
Pero si algo quedará grabado en la memoria colectiva son esas jugadas imposibles que él hacía parecer rutinarias. Elevados que parecían extrabases convertidos en outs. Carreras salvadas en momentos decisivos. Postemporadas donde su defensa fue tan determinante como un jonrón con bases llenas.
La organización aguilucha destacó su carrera como ejemplo de identidad y honor, subrayando que Lagares no solo defendió el jardín central, sino también los valores del béisbol dominicano. Y la verdad es que esa combinación —talento y carácter— no se encuentra todos los días.
Con su retiro, el béisbol dominicano despide a uno de los jardineros defensivos más brillantes de su generación. Se va del terreno, sí. Pero su nombre queda tatuado en la historia de las Águilas como símbolo de constancia, orgullo y excelencia. Porque hay jugadores que pasan… y hay otros que dejan huella. Juan Lagares, sin duda, pertenece al segundo grupo.











