Lincoln López
Algunas personas desde el primer instante en que la conocemos, se quedan dentro de nosotros para siempre, pase lo que pase. Eso me ocurrió cuando conocí a un gran ser humano y destacado teatrista y poeta dominicano llamado: William Mejía (1950-2026).
Recuerdo como ahora, cuando lo conocí aquella mañana de verano en San Juan de la Maguana, en una casa religiosa administrada por monjas en ocasión de ofrecer un taller de teatro para principiantes en el patio de un colegio primero, y luego, en el Palacio Municipal. En ese entonces, dirigía el grupo de teatro de la PUCMM en la sede de Santiago de los Caballeros.
Llegó como era: amable y sencillo. Un hombre joven con formación universitaria y con un camino recorrido en el arte. Un ciudadano de la cultura que viajó desde de otra ciudad del Sur, simplemente para saludarnos y ser solidario con nosotros porque consideró un deber ponerse a la orden. Noble gesto de su parte. Así pues, la empatía fue instantánea. De ese encuentro han transcurrido algo más de cuarenta años.
Desde ese tiempo seguí con interés a William Mejía…que había estudiado en la UNPHU….que fue una figura destacada como maestro y que descolló como escritor, tanto en la dramaturgia como en la narrativa. En su biografía se consigna que su primera obra la llamó: “El Vacá de Don Abundio”. En su pueblo natal, San José de Ocoa, produjo entre 1975 y 1983, un total de nueve obras teatrales, entre ellas, “Las cosas de Martín”, “Los tres que cayeron en el pozo”, “Calmina”… También es considerada de valiosa su literatura para niños. De ninguna manera debe soslayarse la labor cultural siendo fundador de grupos teatrales, de clubes y de la confederación que agrupó un total de 31 clubes. (Servicios Ocoaenred).
Su calidad como escritor fue reconocida cuando obtuvo varios galardones, entre ellos, el Premio nacional de Cuento, el Premio Nacional de Teatro y el Premio Nacional de Novela con “El Taladro del Tiempo”, “Anónimos y Realengos” y “Una Rosa en el Quinto Infierno”, respectivamente. Junto con Ángelo Valenzuela, William Mejía constituye los dos dramaturgos oriundos del Sur más premiados en los Concursos Dominicanos de Literatura”. Por otra parte, en una ocasión se desempeñó como director nacional de Talleres Literarios del Ministerio de Cultura.
Rindo este sencillo y sincero homenaje póstumo a William Mejía. Un escritor que ilumina con sus ideas la cultura dominicana por su creatividad, por su dominio temático y técnico, por su humanidad, y, por compromiso social con su pueblo.
Su legado literario será trascendente, y por eso, estará siempre presente.





