Lincoln López
Hoy escribo por este medio para expresar de otra manera, también espontánea, lo que hice el pasado sábado en el servicio religioso, estas sencillas palabras para despedir y honrar la memoria del amigo Enmanuel Castillo.
Muchas gracias por cada momento compartido durante estos cincuenta años, desde la UCMM hasta la última etapa de tu vida como director del periódico La Información. Y pude aquilatar tu calidad humana sencilla, fuera de los escenarios luminosos, tu formación profesional, inclinado al estudio profundo y al arte teatral, pero del protagonismo, mejor entre “Bastidores”.
Lo conocí en la UCMM, hoy Pontificia, pero aquella fuera de las aulas académicas, en la del salón 101 de ensayos. El amigo común fue: Rafael Añez Bergés (1940-2022), poeta y dramaturgo dominicano, recién designado como director de teatro, y debía, por tanto, debutar con una obra y que la misma resultara un éxito.
Era prioritario seleccionar la obra. El calendario académico es invariable. El tiempo apremia. Añez Bergés tenía varias opciones pero tenía dudas con cual debutar en el teatro o en el anfiteatro universitario recién inaugurado. Dudaba por varias razones: su criterio ideológico, la institución católica, la dureza del gobierno de los doce años, quien residía por primera aquí vez aquí en Santiago de los Caballeros…
Ante esa situación, decidió convocar a muy pocos amigos a su casa alquilada después de su trabajo escénico, entre ellos, a Enmanuel y a mí. Ahí germinó nuestra amistad, entre las “discusiones” teatrales que se extendieron por todo el semestre hasta el estreno de la tragedia clásica: “Julio César” (1599) de William Shakespeare. Montaje libre y libreto de Añez Bergés, basado en el ambicioso gobernante romano y en la conjura de los defensores de la libertad de su pueblo.
Buscando a través del mensaje teatral, primero, reflejar la condición del ser humano y, segundo, para contribuir a mejorar la sociedad, tu como sociólogo, y yo, como intérprete. Cómo olvidar aquel parlamento “Inolvidable” que al oírlo en voz de un actor de tu natal Bonao, los públicos de pueblos aplaudían: “Maldad no te temo. Ya estás de pie, toma el curso que quieras”.
Por distintos senderos nos llevó la vida después, pero al encontrarnos en cada etapa, la fortalecimos con sinceridad y respeto, como sucedió en estos años dirigiendo con acierto La Información.
Finalmente, quiero agradecerte el último y el de mayor valor espiritual que recibí de ti: Despedirte la misma semana de tu partida física.
La huella de tu vida digna y frutífera será y es tu preciado legado. Hasta luego amigo, Enmanuel Castillo.






