A un año de la Copa del Mundo, el torneo ya perfila un efecto económico histórico en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
El Mundial 2026 todavía no ha comenzado oficialmente, pero ya está marcando diferencias fuera de las canchas. Y no se trata de goles, estadios o figuras internacionales. Esta vez, el protagonista es el impacto económico que promete transformar a México durante uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.
Las cifras llaman la atención. Según el informe Movilidad Urbana ante el Mundial 2026, elaborado por The Competitive Intelligence Unit (The CIU) junto a Uber, la competencia generará aproximadamente 2,570 millones de dólares en beneficios económicos para las tres ciudades mexicanas anfitrionas: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
La magnitud del dato no es menor. Lo cierto es que esta derrama económica representaría un incremento estimado de 0.13% del Producto Interno Bruto mexicano, una cifra considerable para un evento que se desarrollará en menos de un mes de actividad deportiva. Además, el estudio proyecta la creación de 105,000 empleos temporales, principalmente en los sectores hotelero, turístico y de servicios.
Pero detrás de esos números existe otra historia. Una relacionada con la movilidad, la logística y la experiencia de millones de aficionados.
El informe revela que el transporte público será la opción preferida por más del 72% de los asistentes. Sin embargo, las aplicaciones de movilidad también tendrán un papel determinante. Cerca del 48% de quienes llegarán por vía aérea planean utilizar plataformas digitales para trasladarse desde los aeropuertos hacia los estadios y zonas turísticas.
El dato que cambia el panorama
Quizás el hallazgo más sorprendente del estudio sea este: la mitad de los encuestados aseguró que no asistiría a los partidos del Mundial si no tuviera acceso a servicios de movilidad por aplicación.
Ese dato confirma que el éxito del Mundial 2026 no dependerá únicamente de lo que ocurra dentro del terreno de juego. La experiencia del aficionado será tan importante como el espectáculo deportivo.
Y es que organizar una Copa del Mundo moderna implica mucho más que construir estadios. Significa garantizar transporte eficiente, seguridad, conectividad y una infraestructura capaz de responder a millones de visitantes en cuestión de semanas.
La primera gran prueba llegará el 11 de junio, cuando México y Sudáfrica disputen el partido inaugural en la capital mexicana. Será el momento en que toda la planificación pase de los documentos a la realidad.
La pregunta ahora es inevitable: ¿podrá México convertir esta histórica oportunidad en un legado duradero o el impacto económico desaparecerá tan rápido como el último silbatazo del torneo? Ahí estará el verdadero marcador que definirá el éxito del Mundial.










