El salsero habla de sufrimiento, represión y un posible nuevo rumbo
También lanza críticas a la intervención extranjera en la región
La verdad es que cuando Rubén Blades habla de Cuba… no lo hace desde la distancia. Lo hace con una mezcla de memoria, sensibilidad y una mirada que pesa. Este martes, el artista panameño dejó claro que cualquier señal de cambio en la isla genera alivio, sobre todo para quienes han visto de cerca “el sufrimiento” del pueblo cubano.
“Cualquiera que haya visto ese dolor… está feliz de que algo empiece a moverse”, vino a decir. Y es que, más allá de ideologías, lo que describe Blades es una realidad humana. De esas que no caben en discursos.
Durante su participación en el festival South by Southwest, en Austin, Texas, el también abogado y activista no esquivó el tema. La situación en Cuba, dijo, es “compleja”. Y no lo dijo por decirlo. Habló de represión, de una oposición fragmentada —muchos encarcelados, otros dispersos— y de la necesidad urgente de reorganización.
Porque sí… hay señales de cambio.
En los últimos días, Cuba y Estados Unidos han confirmado acercamientos diplomáticos, mientras en la isla se anuncian medidas para flexibilizar la inversión privada. Son movimientos que, aunque tímidos, se sienten como cuando una puerta se entreabre después de mucho tiempo cerrada.
Pero la realidad, como bien apunta Blades, sigue siendo dura.
Cuba atraviesa una crisis energética severa desde 2024, que ha ido empeorando. Apagones, escasez, una economía prácticamente detenida… un escenario que se siente en la vida diaria de la gente. No es teoría, es cotidiano.
Y en medio de todo eso, Rubén Blades también miró hacia Venezuela. Hizo una comparación que no pasó desapercibida: cuestionó las intervenciones externas y dejó caer una frase que invita a pensar… “sacaron al gerente, pero la compañía sigue”.
Porque para él, el fondo del asunto no es solo quién gobierna, sino cómo se construyen soluciones reales. Y ahí insiste: que sean los propios pueblos los que decidan su destino.
Además, el artista recordó su emblemática canción Tiburón, ese himno que durante décadas ha sido interpretado como una crítica al intervencionismo. Pero fue más allá. Dijo que el “imperialismo” no tiene una sola cara. Que también existe en otras potencias. Que el problema, en esencia, es el abuso del poder.
Como quien dice… los tiburones no siempre vienen del mismo mar.
En medio de estas reflexiones, hubo también espacio para la nostalgia. Blades recordó a Willie Colón, su compañero de historia musical, fallecido recientemente. Y lo hizo con una frase que suena más a despedida íntima que a declaración pública: “no siento que se ha muerto… ha pasado a otro plano”.
Al final, Rubén Blades no ofreció soluciones mágicas. Pero dejó algo claro: entre la política, la música y la historia, lo que está en juego siempre es la gente.
Y cuando se habla de sufrimiento… cualquier cambio, por pequeño que sea, ya empieza a sentirse como esperanza.













