Su barbería trabaja hasta los domingos, solo descansan los lunes. Pero ese día, Elías, que no descansa, aprovecha para dar clases y formar nuevos talentos en el oficio que él ha desarrollado tan bien.

Por Ricardo Toribio
La barbería tiene la capacidad de hacer que su cliente comparta con el público y la comunidad la mejor versión de sí mismo en cuanto a apariencia se refiere. Esto aporta confianza en sí mismo y, como resultado, una mejor recepción de los demás por el cuidado que cada cual se dedica.
En la sociedad moderna, el primer indicio de que algo no está bien es el descuido del cabello y la barba; por eso estos centros son tan importantes, ya que cuando se hace necesario y usted va de inmediato, cambia de opinión y los demás también. Esta introducción la hago para dedicar algunas líneas oportunas y justas sobre un joven barbero del municipio de San José de las Matas.
Desde que Elías Toribio Martínez asumió la barbería, este oficio ha sido promovido de categoría y estatus. Él aprendió con su abuelo David Martínez, un barbero de larga trayectoria que recortaba en su barbería todos los fines de semana y, durante la semana, era ebanista en su taller. El niño siempre se acercaba a ver a su abuelo y este, un buen día, le puso una tijera en la mano para que practicara con algún voluntario dispuesto a ser trasquilado, jejeje. Entre ensayo y error, el joven fue ganando confianza hasta que su maestro David le prestó la navaja, un instrumento peligroso, por lo que le dio los consejos adecuados para un uso seguro. No pasó mucho tiempo para que el joven Elías se sintiera seguro y pudiera recibir el “sí” agradecido de sus nuevos clientes.
Siendo este un joven con buenas relaciones humanas, todos sus amigos de la escuela fueron a probar suerte con él y, dada la calidad de sus cortes, se fue regando en la vecindad que Elías pelaba muy bien. Llegó un momento en que su abuelo David tuvo que irse a Nueva York y le dejó la barbería a cargo; desde entonces, la barbería empezó a trabajar casi todos los días, pues Elías hizo crecer la clientela y aprendió a hacer diseños en la cabeza de muchos jóvenes que venían desde campos aledaños hasta Inoa para recortarse.
Siendo un joven con visión y diligencia, pensó que su barbería podría tener más participación si se mudaba del paraje al municipio. Así, un buen día, fue a trabajar a la barbería de Dionis, frente a la bomba del tanque; ahí de inmediato hizo una buena clientela y, cuando el dueño tuvo que irse a Nueva York, Elías asumió el compromiso y compró la barbería, quedándose con uno de los barberos, el talentoso Bismark. Su primer alumno fue su hermano Jimy, quien aprendió el oficio de manera magistral, haciendo que la barbería pudiera recibir más clientes en cada jornada.
Así, en San José de las Matas se abrió un centro de estética masculina con una calidad en el servicio que hacía que todos quisieran una cita para ser atendidos por este equipo. El liderazgo de Elías creció, y fue así como empezó a recibir premios a nivel nacional como buen barbero. Su barbería está equipada con todos los equipos y productos de alta calidad para ofrecer una experiencia inolvidable.
Todo esto que escribí como antecedente es para reconocer que el talento y el trabajo de cada día van puliendo el oficio y logrando que su calidad de entrega merezca el prestigio del que hoy goza. Si usted quiere recortar su cabello, hace una cita; él le pone una hora y así va atendiendo la larga lista de clientes y abriendo espacio para los que cada semana se suman. Su barbería trabaja hasta los domingos; solo descansan los lunes. Pero ese día, Elías, que no descansa, aprovecha para dar clases y formar nuevos talentos en el oficio que él ha desarrollado tan bien.
Esta labor es la que mejor motiva este escrito a manera de reconocimiento, pues no es lo mismo hacer un trabajo bien —que merece toda atención y reconocimiento— que también enseñarlo a otros, multiplicando ese saber y abriendo nuevas posibilidades a los jóvenes en este oficio. He visto varias graduaciones de los cursos que da y, un día que le pregunté cómo se sentía haciendo ese trabajo de enseñar lo que sabe, me respondió:
“Si en una comunidad hay treinta personas y solo trabajan diez, en esa comunidad hay veinte personas comiendo de los que trabajan. Así que generar desarrollo significa buscarles empleo a varios de ellos; así la carga sobre los primeros diez se aligera. Y eso es lo que estoy haciendo: el pueblo está lleno de cabezas que necesitan ser atendidas y, para todos, yo formo nuevos barberos como un aporte a mi comunidad”.
La calidad de la respuesta me asombró tanto que cada vez que veo a Elías con un grupo de muchachos nuevos graduándose de sus cursos, me lleno de orgullo para contarles a todos ustedes que Elías es uno de mis hijos, y que su hermano Jimy Toribio Martínez, junto a Javier Jáquez, forman un trío de eficiencia y buen servicio, haciendo de Elixir Barber Studio ETM un lugar de servicio y alta calidad, como lo merece y demanda cada cliente y nuestra comunidad.
En tal sentido, y por todo lo aquí señalado, considero a Elías Martínez Toribio un talento merecedor del Premio Nacional de la Juventud por la calidad que ofrece y el saber que multiplica, pues representa lo mejor de nosotros. Muchas felicidades, salud y larga vida de servicio y buen ejemplo. Es la calidad de tu esfuerzo y entrega el camino más genuino para mejorar nuestra patria desde el oficio y en cada comunidad.















