Los Medias Rojas igualaron un récord de la franquicia vigente desde 1946 y, aunque no alcanzaron el triunfo número 16, transformaron una temporada que parecía perdida.
Durante cinco días, Fenway Park recuperó esa electricidad que lo convierte en uno de los escenarios más fascinantes del béisbol. Cada lanzamiento pesaba, cada batazo levantaba al público y cada victoria acercaba a los Medias Rojas a un territorio jamás conquistado.
Boston igualó la histórica marca de la franquicia al conseguir su decimoquinto triunfo consecutivo, gracias a una victoria de 6-3 sobre los Orioles en el primer encuentro de la doble cartelera del miércoles. El récord, establecido por el equipo de 1946, llevaba ocho décadas esperando compañía.
La victoria número 16, sin embargo, nunca llegó. Los Orioles silenciaron parcialmente la fiesta al imponerse 5-1 en el partido nocturno. Fue el final de la racha, pero no necesariamente el cierre de la historia.
“Fue un viaje inolvidable”, resumía el ambiente alrededor de un equipo que pasó de estar 14 encuentros por debajo de .500 a convertirse en uno de los conjuntos más encendidos de las Grandes Ligas.
El miembro del Salón de la Fama Dennis Eckersley vivió los últimos partidos desde la Legends Suite de Fenway Park y quedó maravillado con la conexión entre el club y su público.
“Esta energía aquí es de lo mejor que puede haber. Me encanta. Y los fanáticos se lo merecen”, expresó “Eck”, quien vistió el uniforme de Boston y posteriormente trabajó durante dos décadas como comentarista del equipo.
Eckersley formó parte de los Atléticos de Oakland de 1988 que ganaron 14 partidos consecutivos, pero reconoció una diferencia notable: aquel conjunto conquistó el banderín de la Liga Americana, aunque nunca tuvo que levantarse después de caer 14 juegos por debajo de .500.
Y es que ese detalle cambia por completo la dimensión de lo conseguido por Boston. Los Medias Rojas registran marca de 20-3 desde el 25 de junio, una recuperación que devolvió la ilusión a Fenway y transformó una campaña tambaleante en una temporada con posibilidades reales.
Tras la derrota, el venezolano Willson Contreras y Sonny Gray reunieron espontáneamente a sus compañeros. No hubo reproches ni rostros derrotados. El mensaje fue sencillo: una caída no podía borrar más de dos semanas de béisbol extraordinario.
“Quiero que todos se sientan orgullosos de lo que hicimos. Igualamos un récord que existía desde 1946. Eso no es fácil de lograr. Hicimos historia”, manifestó Contreras.
El dirigente interino Chad Tracy ni siquiera tuvo que intervenir de inmediato. Cuando intentó conversar con el grupo, los veteranos ya habían asumido el liderazgo y reenfocado al equipo.
La racha terminó, como terminan todas. Pero dejó algo mucho más valioso que una cifra: identidad, confianza y la sensación de que Boston volvió a creer.
Los Medias Rojas no alcanzaron la dulce victoria número 16. Aun así, después de tocar la historia con las manos, demostraron que esta temporada todavía tiene mucho por contar.











