Escuela Trina Moya de Vásquez
Los resultados de PISA 2025 muestran avances en Ciencia, estancamiento en Matemática y un preocupante retroceso en Lectura
La escuela dominicana lleva más de una década recibiendo una inversión que durante años pareció imposible. Se construyeron planteles, aumentaron los salarios docentes, llegaron uniformes, alimentos, tabletas y transporte escolar. Sin embargo, cuando PISA 2025 abrió nuevamente el cuaderno para medir lo aprendido, apareció una realidad incómoda: el dinero ha llegado al sistema, pero todavía no se convierte plenamente en conocimiento.
República Dominicana ocupó la posición 81 entre 91 países y economías participantes. El país obtuvo 339 puntos en Matemática, 346 en Lectura y 361 en Ciencia, resultados muy inferiores a los promedios de la OCDE, situados en 463, 461 y 482 puntos, respectivamente.
El dato más estremecedor no está únicamente en el lugar ocupado. El 69.3 % de los estudiantes dominicanos quedó simultáneamente por debajo del nivel básico de competencia en las tres materias evaluadas. Dicho de manera sencilla: casi siete de cada diez jóvenes enfrentan serias dificultades para comprender textos, resolver problemas matemáticos y aplicar conocimientos científicos elementales.
En los niveles superiores de rendimiento, aquellos reservados para alumnos capaces de analizar situaciones complejas y desarrollar respuestas elaboradas, la presencia dominicana fue prácticamente inexistente.
No todo representa retroceso. Una lectura honesta también debe reconocer los progresos. Desde 2015, el país avanzó de 328 a 339 puntos en Matemática y de 332 a 361 en Ciencia. El Ministerio de Educación resalta, además, una mayor cobertura estudiantil y mejoras relacionadas con la equidad socioeconómica.
Pero Lectura continúa siendo una herida abierta. República Dominicana pasó de 358 puntos en 2015 a 346 en 2025. Frente a la evaluación de 2022, Matemática quedó sin cambios, Ciencia aumentó apenas un punto y Lectura perdió cinco.
Ahí aparece la pregunta que ninguna campaña institucional debería esquivar: ¿qué ha ocurrido con el 4 % del producto interno bruto destinado a la educación preuniversitaria?
Esa inversión ha servido para ampliar infraestructuras, alimentar estudiantes, elevar remuneraciones, entregar equipos tecnológicos y facilitar el traslado hacia las escuelas. Son conquistas valiosas. La verdad es que aprender resulta mucho más difícil con hambre, sin materiales o dentro de un aula deteriorada.
Sin embargo, tener mejores edificios no garantiza mejores aprendizajes. Una tableta sin orientación pedagógica puede terminar convertida en pantalla de entretenimiento; más horas dentro del plantel tampoco significan demasiado si el tiempo efectivo de enseñanza se pierde.
La crisis no afecta exclusivamente a República Dominicana. PISA 2025 también registró retrocesos en países latinoamericanos y desarrollados. Entre los factores analizados aparecen la pandemia, la disminución del hábito de lectura, las distracciones digitales y una menor disposición de los estudiantes al esfuerzo académico.
Aun así, el deterioro internacional no debe utilizarse como consuelo. La educación dominicana necesita evaluar la calidad docente, recuperar el tiempo de clase, fortalecer la comprensión lectora e involucrar seriamente a las familias.
PISA no dicta una condena definitiva. Coloca un espejo frente al país.
Y lo que refleja ese espejo exige mucho más que explicaciones: reclama decisiones, seguimiento y resultados que finalmente puedan sentirse dentro del aula.

