¡No todos salieron contentos!
El reciente fallo de la LIDOM dejó a muchos con la boca abierta y a los Toros con un sabor amargo, mientras las Águilas Cibaeñas respiran y el torneo sigue vivo.
La verdad es que ni Salomón habría dejado satisfecho a todos. Los tribunales del béisbol, como los de la vida real, no son exactos; tienen margen de interpretación y esta vez, la sentencia salvó a las Águilas de un pecado administrativo y perdonó los errores de la Liga, mientras los Toros se quedaron cortos de su gran objetivo en La Romana.
El problema fue claro: la oficina amarilla inscribió nueve importados, aunque solo utilizó seis en su victoria 6-2. Eso violó el artículo 30, pero la decisión de LIDOM interpretó que no merecía la inversión automática del resultado.
Es como si un sello de aprobado intentara justificar un error mayor… no siempre funciona así.
El gran golpe, sin dudas, fue para los Toros y su gerente, Jesús Mejía, quien además es hijo del presidente de la liga. Algunos podrían hablar de favoritismos, otros simplemente de errores humanos. Pero lo cierto es que este tipo de situaciones muestran que la experiencia y la cautela son vitales para que estos episodios no se repitan.
Al final, las Águilas ganan, Lidom salva sus pifias, y los Toros aprenden que en el béisbol, como en la vida, no siempre se gana por la fuerza, sino por la interpretación de las reglas.

