La Iglesia Católica volvió a poner el foco en una realidad que se siente en miles de hogares del país. La verdad es que las remesas no son solo cifras en un informe económico; son alivio, esperanza y respaldo constante para familias enteras. Así lo subraya Camino, periódico y órgano de difusión de la Iglesia Católica, al valorar el impacto de los recursos que envían los dominicanos residentes en el exterior.
De acuerdo con datos del Banco Central, durante el año 2025 las remesas alcanzaron casi 12 mil millones de dólares, un monto que confirma su peso dentro de la economía nacional. Pero más allá del número, el mensaje de la Iglesia apunta al rostro humano detrás de cada envío. Y es que ese dinero llega, mes tras mes, como un salvavidas silencioso a comunidades del campo, el llano y la montaña.
Camino expresa su deseo de que esta generosidad de la diáspora sea correspondida de manera justa. “Esperamos que esta generosidad se vea recompensada por nuestras autoridades, ofreciéndoles servicios consulares o de otra índole, sin pensar solamente en los ingresos que percibirán”, señala la publicación, en un llamado directo y sin rodeos.
Además, el periódico extiende un reconocimiento claro a la comunidad dominicana en el exterior, destacando su dedicación al trabajo honesto y el orgullo con el que representan al país fuera de sus fronteras. Dominicanos y dominicanas que un día partieron en busca de un mejor destino, pero que nunca se fueron del todo. Porque, como bien apunta el texto, guardan en sus corazones amor, gratitud y solidaridad hacia las familias que dejaron aquí.
La realidad es palpable. ¿Qué sería de tantas familias si no contaran con ese apoyo mensual? Con las remesas, muchos hogares pueden enfrentar el alto costo de los medicamentos, cubrir emergencias de salud o asumir internamientos médicos que, de otro modo, resultarían inalcanzables. También permiten algo igual de vital: reconstruir viviendas, asegurar un techo digno y mejorar la calidad de vida.
Y hay más. Esa solidaridad trasciende lo individual. La Iglesia destaca que, en muchos casos, los aportes de la diáspora se traducen en obras comunitarias: centros culturales, instalaciones deportivas y templos que fortalecen el tejido social y devuelven vida a comunidades enteras.
En definitiva, las remesas no solo sostienen la economía. Sostienen familias, sueños y comunidades. Son la prueba de que, aunque lejos, la diáspora dominicana sigue estando cerca. Siempre presente.

