Florida.– La cuenta regresiva avanzaba. Lenta, tensa… casi como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración. Y entonces, finalmente, ocurrió: Artemis II despegó, marcando el regreso de la humanidad al entorno lunar después de más de 50 años.
Pero entre cables, pantallas y decisiones que no admiten errores… había un nombre con acento dominicano.
Michael Guzmán.
Ingeniero de sistemas de propulsión en la NASA. Orgullo de una familia dominicana que salió de Nueva York buscando oportunidades… y terminó tocando las estrellas. Literal.
Minutos antes del lanzamiento, en medio de esa mezcla de adrenalina y responsabilidad, Guzmán hizo algo que no aparece en los manuales técnicos. Habló desde el corazón.
“De parte mía y de todos los dominicanos en USA, en República Dominicana y el mundo entero… queremos desearles un buen viaje, seguro, productivo y lleno de diversión. Son una inspiración… ¡Ya tú sabe! ¡Dale Artemis!”
No fue solo un mensaje. Fue una conexión.
Una forma de decir: aquí también estamos nosotros.
Y es que la historia de Guzmán no empezó en un laboratorio de la NASA. Empezó con curiosidad. Con preguntas. Con un joven que, durante una pasantía en 2013, decidió construir su propio cohete en su tiempo libre.
La verdad es que hay decisiones pequeñas que cambian destinos grandes.
Esa fue una de ellas.
Tres días después de lanzar su modelo… recibió una oferta de trabajo.
Hoy, más de una década después, forma parte del equipo que impulsa el cohete SLS, la poderosa nave que lleva a los astronautas en esta misión histórica alrededor de la Luna durante 10 días.
Su rol no es menor.
Trabaja directamente en el sistema de propulsión principal, el corazón del cohete. Ese que no puede fallar. Ese que convierte toneladas de combustible en el impulso necesario para escapar de la Tierra.
Además, forma parte de una dinámica donde nada es individual.
Porque si algo define estos lanzamientos… es el trabajo en equipo.
Cientos de ingenieros.
Decenas de consolas.
Una sola misión.
“Es como un deporte de equipo”, explica Guzmán. “Todos somos parte de un todo… y todo está conectado”.
Y es que, en ese cuarto de control, cada decisión pesa. Cada segundo cuenta. Cada voz importa.
Artemis II no solo representa un avance en la exploración espacial.
Representa algo más cercano… más humano.
La posibilidad de que historias como la de Michael Guzmán —hechas de esfuerzo, curiosidad y disciplina— encuentren su lugar en los escenarios más grandes del mundo.
Porque mientras el cohete se eleva rumbo a la Luna…
también lo hace el orgullo de toda una comunidad.
Y la verdad es que, en ese viaje…
también va un pedazo de República Dominicana.















