Santo Domingo.– Las Reinas del Caribe ya dominaron Centroamérica, conquistaron el Caribe y se consolidaron como una de las grandes potencias de NORCECA. Ahora, sin embargo, enfrentan una frontera mucho más exigente: convertir su respetado proyecto deportivo en una selección capaz de luchar seriamente por una medalla olímpica.
República Dominicana acaba de conseguir su séptimo título consecutivo en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Con nueve medallas de oro, es además la selección femenina más laureada en la historia de la competición.
No es casualidad. Detrás existe un proyecto que durante décadas ha formado jugadoras de élite, construido una cultura ganadora y convertido el voleibol femenino en uno de los mayores orgullos deportivos del país.
Cristóbal Marte Hoffiz, presidente del Proyecto Nacional de Selecciones Femeninas, estima que se necesitarían unos 10 millones de dólares anuales durante los próximos cuatro años para cambiar el modelo y sostener una preparación capaz de competir por el podio olímpico.
Pero el dinero, aunque imprescindible, no resolverá todo.
El principal desafío está en la profundidad de la plantilla. Para buscar una medalla no basta con reunir seis o siete jugadoras extraordinarias. El equipo necesita 12 o 14 atletas capaces de entrar en un partido de máxima presión sin que el rendimiento colectivo se desplome.
Las veteranas Niverka Marte, Brenda Castillo, Brayelin Martínez, Yonkaira Peña, Gaila González, Jineiry Martínez y Lisvel Eve continúan sosteniendo buena parte de la estructura. Mientras tanto, Alondra Tapia, Vielka Peralta, Yamelis Rodríguez e Isabel Peña avanzan dentro de una transición tan necesaria como delicada.
Además, las dominicanas necesitan más enfrentamientos contra Italia, Turquía, Brasil, Estados Unidos, China, Serbia y Japón. No solamente cuando una clasificación o una medalla estén en juego. Y es que competir regularmente contra la élite mundial permitiría acostumbrarse a esos partidos cerrados en los que un servicio mal ejecutado o una recepción defectuosa pueden decidirlo todo.
París 2024 dejó una enseñanza contundente. República Dominicana alcanzó los cuartos de final, pero Brasil frenó su recorrido con una victoria 3-0. Las Reinas demostraron que pueden llegar al escenario olímpico; el próximo objetivo debe ser colocarse entre las cuatro mejores.
También será necesario fortalecer el voleibol escolar y universitario, modernizar la preparación científica, manejar mejor las cargas físicas y transformar la mentalidad de campeón regional en una convicción genuinamente mundial.
La verdad es que las Reinas no necesitan una revolución. El proyecto funciona. Lo que necesitan es completar el último escalón.
Rumbo a Los Ángeles 2028, clasificar no debería representar la meta, sino el punto de partida. República Dominicana ya conquistó su región. Ahora le corresponde demostrar que una medalla olímpica puede ser la consecuencia natural de todo lo construido.

