En el béisbol, la memoria es corta… y la presión, constante.
Los Philadelphia Phillies tomaron una decisión fuerte este martes: despidieron a su manager, Rob Thomson. Y sí… sorprende. Porque no estamos hablando de cualquier dirigente.
Thomson se va con el mejor porcentaje de victorias (.568) en la historia moderna de la franquicia. Además, fue uno de apenas dos managers en llevar al equipo a cuatro postemporadas consecutivas. Números sólidos. Argumentos de peso.
Pero en Grandes Ligas, el presente manda.
Y ese presente fue un arranque de 9-19… simplemente insostenible.
La presión venía creciendo. La racha de 10 derrotas consecutivas —la peor desde 1999— terminó de encender todas las alarmas. El clubhouse lo sentía. La fanaticada también.
Al final… alguien tenía que pagar.
Ahora entra en escena Don Mattingly como dirigente interino, acompañado por Dusty Wathan como coach de banca, mientras Anthony Contreras sube desde Triple-A para asumir funciones en tercera base.
Y aquí viene el detalle que no se puede ignorar…
Hace apenas días, el presidente de operaciones, Dave Dombrowski, había dicho que un cambio de manager “no se estaba considerando… en este momento”.
Ese “en este momento”… hoy suena distinto.
Porque en MLB, las decisiones no siempre esperan.
Y cuando la racha negativa golpea… ni los números históricos te salvan.










