José Octavio Zarzuela, conocido en el mundo del béisbol como Moreno Marcelino, compartió terreno con Juan Marichal, vistió el uniforme de las Águilas Cibaeñas y continuó ligado al deporte como técnico y colaborador de la academia de los Indios de Cleveland
San José de las Matas.– Mucho antes de que las academias, los buscadores de talento y los contratos internacionales se convirtieran en parte cotidiana del béisbol dominicano, un joven de San José de las Matas comenzó a abrirse camino en una pelota mucho más ruda, improvisada y difícil de conquistar.
Su nombre original era José Octavio Zarzuela, aunque en el mundo del béisbol fue conocido como Moreno Marcelino, nombre con el que escribió una página importante en la historia deportiva de San José de las Matas.
Recordarlo no significa únicamente rescatar la trayectoria de un pelotero. También representa volver a una época en la que llegar al béisbol profesional desde una comunidad serrana exigía talento, carácter y una voluntad casi indestructible.
Marcelino perteneció a una de las primeras generaciones de jugadores de San José de las Matas que alcanzaron el béisbol de alto nivel en la República Dominicana. Su recorrido comenzó cuando la pelota nacional todavía construía sus grandes escenarios y los equipos regionales funcionaban como auténticas vitrinas para los mejores talentos del país.
De la sierra a Manzanillo
Uno de los primeros capítulos importantes de su carrera fue su vinculación con el poderoso equipo de Manzanillo, patrocinado por la Grenada Company y considerado uno de los conjuntos más competitivos de aquella época.
Allí coincidió con peloteros que posteriormente escribirían páginas doradas en la historia del deporte dominicano. El propio Juan Marichal, inmortal del Salón de la Fama de Cooperstown, recordó haber compartido terreno en Manzanillo con Cuco Marcelino y Moreno Marcelino, entre otros jugadores.
La referencia tiene un peso enorme, pues sitúa al matense dentro de la generación que acompañó a Marichal antes de su salto al profesionalismo y su posterior consagración en las Grandes Ligas.
Su llegada al béisbol profesional
La memoria deportiva de San José de las Matas conserva la firma de Moreno Marcelino con la organización de los Piratas para jugar pelota rentada como uno de los acontecimientos más trascendentales del municipio.
Todavía falta localizar el documento original que permita establecer la fecha, el monto y las condiciones exactas de aquella contratación. Sin embargo, existen registros que confirman que Marcelino ya participaba en el béisbol profesional dominicano a finales de la década de 1950.
El 20 de noviembre de 1959 quedó vinculado a uno de los episodios más curiosos en la historia de los juegos sin hits ni carreras de la pelota nacional.
Durante un encuentro entre los Leones del Escogido y las Águilas Cibaeñas, el estadounidense Stan Williams se encaminaba hacia un juego sin hit ni carrera. Marcelino conectó un roletazo que pasó por debajo del mascotín del inicialista Frank Howard y estuvo cerca de arruinar la hazaña. El anotador oficial, sin embargo, consideró que la jugada podía realizarse y decretó error.
Williams conservó el juego sin hit ni carrera. Moreno, mientras tanto, quedó para siempre ligado a aquella historia.
Su capítulo con las Águilas Cibaeñas
En la temporada 1960-1961, Marcelino aparece oficialmente registrado como jardinero de las Águilas Cibaeñas. Compartió la nómina con figuras como Julián Javier, Félix Santana, Nápoles Saviñón y Alfredo Reynolds.
Su presencia en el conjunto cibaeño confirma que no fue únicamente un buen jugador de los circuitos regionales. Llegó a uno de los clubes emblemáticos del béisbol profesional dominicano y compitió en una etapa marcada por grandes figuras y condiciones muy distintas de las actuales.
Posteriormente, continuó vinculado al deporte organizado como integrante de los Indios del Valle, equipo de la Liga de Verano del Cibao que conquistó tres campeonatos durante sus once años de existencia, incluido el título de 1975.
Una vida vinculada al béisbol
La relación de Moreno Marcelino con el béisbol no terminó cuando dejó de jugar profesionalmente. Luego de su etapa como pelotero, permaneció durante varios años como miembro del cuerpo técnico de las Águilas Cibaeñas, aportando desde otras funciones su experiencia y sus conocimientos del juego.
También trabajó en distintas áreas de la academia de los Indios de Cleveland en la República Dominicana. Esa etapa le permitió mantenerse cerca del desarrollo de jóvenes talentos y continuar sirviendo al deporte al que había dedicado buena parte de su vida.
Su paso de jugador a técnico y colaborador de una organización de Grandes Ligas demuestra que su trayectoria fue mucho más amplia que su presencia dentro del terreno. Marcelino no solo abrió camino como pelotero: también puso su experiencia al servicio de quienes aspiraban a recorrer una ruta similar.
Un legado que supera las estadísticas
La verdadera dimensión de José Octavio Zarzuela, el recordado Moreno Marcelino, no puede medirse únicamente con promedios, hits o partidos disputados. Su recorrido trazó una ruta que entonces parecía improbable: San José de las Matas, Manzanillo, la firma profesional, las Águilas Cibaeñas, la Liga de Verano del Cibao y el trabajo técnico vinculado al desarrollo de nuevos jugadores.
¿Fue el primer pelotero de Sajoma firmado por una organización profesional? La evidencia disponible todavía no permite afirmarlo categóricamente. Para establecerlo sería necesario encontrar el documento original de su contratación y compararlo con los registros de otros jugadores nacidos en el municipio.
La formulación más rigurosa —y también la más justa— es reconocerlo como uno de los primeros y más importantes peloteros de San José de las Matas que alcanzaron el béisbol profesional dominicano.
José Octavio Zarzuela, conocido por generaciones como Moreno Marcelino, fue, en definitiva, un pionero de la pelota serrana. Uno de aquellos hombres que abrieron una puerta sin imaginar cuántos jóvenes pasarían después por ella. Y cuando terminó su etapa como jugador, permaneció junto a esa puerta, aportando su experiencia para ayudar a otros a cruzarla.

