La histórica dirigente sindical y defensora de los trabajadores agrícolas falleció a los 96 años. Su legado trasciende las conquistas laborales y permanece en generaciones de inmigrantes, mujeres y activistas por los derechos civiles.
ESTADOS UNIDOS. — Dolores Huerta dedicó su vida a defender a quienes trabajaban la tierra sin recibir siempre un salario justo ni condiciones laborales dignas. Su muerte, a los 96 años, deja al movimiento sindical estadounidense sin una de sus figuras más influyentes y a la comunidad latina sin una voz que durante décadas reclamó derechos, reconocimiento y oportunidades para los trabajadores agrícolas.
Organizadora sindical, feminista y defensora de los derechos civiles, Huerta entendió que las reivindicaciones de los campesinos requerían organización y persistencia. Esa convicción la llevó, en 1962, a fundar junto a César Chávez la Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas, una iniciativa que contribuiría a transformar la historia del sindicalismo en Estados Unidos.
La organización se fusionó posteriormente con el Comité Organizador de Trabajadores Agrícolas, impulsado por trabajadores filipinos, dando origen a la Unión de Campesinos de Estados Unidos (UFW).
Pero su influencia fue mucho más allá de las estructuras sindicales.
«¡Sí se puede!», la consigna que Huerta acuñó durante sus años de activismo, terminó convirtiéndose en una expresión de resistencia y esperanza. Nacida de las luchas de los trabajadores del campo, la frase trascendió las fronteras estadounidenses hasta convertirse en un lema de numerosos movimientos sociales.
Una vida dedicada a combatir las injusticias
La periodista María Hinojosa, ganadora del Premio Pulitzer, fundadora de Futuro Media y presentadora de Latino USA, recordó el legado de Huerta desde una perspectiva que va más allá de sus conquistas sindicales.
Para Hinojosa, una de las enseñanzas fundamentales de la activista fue comprender que, incluso frente a las mayores dificultades, resulta indispensable mantener la confianza en la capacidad de los inmigrantes y los trabajadores agrícolas para transformar su realidad.
«A pesar de las dificultades, hay que seguir creyendo en el poder de los inmigrantes y trabajadores agrícolas de EE.UU.», expresó la periodista al reflexionar sobre las enseñanzas que deja su trayectoria.
Hinojosa resumió esa filosofía con una frase que retrata la dimensión humana de la dirigente: «Para ella, la vida era una oportunidad para cambiar las injusticias de este mundo».
Huerta hizo de esa convicción una causa permanente. Su activismo vinculó las demandas laborales con la defensa de los derechos de las mujeres, los inmigrantes y las comunidades históricamente marginadas.
Su fallecimiento cierra una trayectoria fundamental para comprender las luchas sociales estadounidenses del último siglo. Queda una consigna que millones han hecho suya y una historia que recuerda cómo la organización colectiva puede convertir las demandas de los sectores menos escuchados en conquistas sociales.

