El presidente Luis Abinader movió una pieza clave en el tablero institucional. A través del decreto 111-26, designó al mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz como nuevo director general de la Policía Nacional.
Y la verdad es que no se trata de un simple relevo administrativo. Es un cambio que llega cargado de tensión, expectativas y preguntas sin responder.
Cruz Cruz sustituye a Ramón Antonio Guzmán Peralta, quien fue colocado en honrosa situación de retiro tras cumplir el tiempo reglamentario y ahora fungirá como asesor del Poder Ejecutivo en materia policial. El movimiento se apoya en la Constitución y en la Ley 590-16, que faculta al presidente a designar al titular de la institución entre oficiales generales activos.
Pero más allá del marco legal, el contexto es el verdadero protagonista.
Un escenario bajo lupa
El nuevo director asume en medio de cuestionamientos por las llamadas ejecuciones extrajudiciales, conocidas popularmente como “intercambios de disparos”. Una expresión que, con el paso del tiempo, ha dejado de sonar técnica para convertirse en una palabra que incomoda.
Solo en las últimas semanas de febrero, la propia institución reportó 31 muertes atribuidas a presuntos enfrentamientos. Treinta y una. La cifra pesa. Y pesa más cuando se traduce en nombres, familias, comunidades.
Uno de los casos más recientes fue el de Yunior Vargas Samboy, conocido como “Picachu”, de 31 años, quien —según la versión oficial— habría enfrentado a tiros a una patrulla durante un operativo preventivo. Episodios como este han reavivado el debate sobre el uso proporcional de la fuerza y la necesidad de investigaciones más rigurosas y transparentes.
Y es que, al final del día, no se trata solo de estadísticas. Se trata de credibilidad.
Un perfil técnico… con pruebas pendientes
Cruz Cruz no llega como un desconocido. Desde noviembre de 2023 se desempeñaba como inspector general de la institución, una de las posiciones más delicadas dentro de la estructura policial. Desde ahí supervisaba el cumplimiento de reglamentos internos, el comportamiento del personal y la correcta aplicación de los procedimientos.
En teoría, tenía bajo su mirada desde el uso adecuado del uniforme hasta el respeto a los derechos ciudadanos. Justamente uno de los puntos más sensibles en medio de los frecuentes “intercambios”.
Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), con maestría en Defensa y Seguridad Nacional, también ha ocupado posiciones estratégicas como director de Asuntos Internos, Control Interno y director regional Sur. Además, cuenta con entrenamientos en liderazgo, manejo de crisis e investigación criminal en Estados Unidos, Israel y Colombia.
Su hoja de vida luce sólida. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, el verdadero examen no está en el currículum. Está en la gestión diaria.
La reforma que no puede esperar
El nuevo director deberá dar continuidad al proceso de reforma policial impulsado por el Gobierno. Profesionalización, depuración, transformación institucional… palabras que se repiten en cada discurso oficial.
Pero la ciudadanía espera algo más concreto. Resultados visibles. Cambios medibles. Señales claras de que la institución puede fortalecer su autoridad sin debilitar los derechos fundamentales.
Porque la reforma no es solo un plan administrativo; es, en cierta forma, un pacto con la sociedad.
Más que un decreto
El relevo se produce tras excederse por tres meses el período máximo de dos años establecido por la Ley Orgánica 590-16 para dirigir la Policía. Es un dato técnico, sí, pero también simbólico: marca el cierre de una etapa y la apertura de otra.
La pregunta ahora no es quién ocupa la silla, sino qué hará con ella.
En un país donde la seguridad es prioridad, pero donde también crece la exigencia de transparencia, Cruz Cruz inicia su mandato con una misión compleja: reducir la criminalidad, fortalecer la disciplina interna y, sobre todo, recuperar confianza.
Y esa, la confianza, no se impone con decretos. Se construye con hechos.















