La detención de Melitón Cordero sacudió la oficina de la DEA en Santo Domingo y puso en alerta la cooperación antinarcóticos entre EE.UU. y República Dominicana. La verdad es que pocos imaginaban que un funcionario de tan alto perfil pudiera verse envuelto en un caso que golpea directamente la confianza pública y la integridad de los programas federales de seguridad.
Hasta este jueves, Cordero era el supervisor de la DEA en el país, el hombre que coordinaba operaciones antinarcóticos, intercambios de inteligencia y colaboraciones con las autoridades dominicanas. Su trabajo era delicado, casi como caminar por un puente colgante entre dos mundos: por un lado, la DEA y otras agencias federales de EE.UU.; por el otro, la policía y los fiscales locales. Todo debía fluir sin tropiezos… hasta que la balanza se rompió.
El arresto ocurrió el 12 de febrero de 2026, en el marco de una investigación federal liderada por el Department of Homeland Security de Estados Unidos. La acusación apunta al presunto uso indebido de un programa de visas para informantes confidenciales, un mecanismo que permite a ciertos extranjeros colaborar con investigaciones a cambio de beneficios migratorios. La investigación sigue abierta, y cada nuevo detalle ha aumentado la tensión sobre la operación de la DEA en el país.
La medida más visible de esta crisis llegó de inmediato: la embajadora de EE.UU., Leah Francis Campos, ordenó el cierre temporal de la oficina de la DEA en Santo Domingo. Lo calificó como una “violación repugnante y deshonrosa de la confianza pública”. Imagina la escena: una oficina que normalmente es sinónimo de coordinación internacional y seguridad ahora cerrada, con sus agentes y programas suspendidos mientras se revisa el alcance de los hechos.
La historia de Cordero deja una reflexión clara: incluso los engranajes más sólidos de la seguridad internacional pueden fallar. Su arresto no solo afecta a un hombre, sino que pone sobre la mesa la fragilidad de la confianza, la importancia de la supervisión y la delicada relación entre seguridad, justicia y migración.
La verdad es que, en este momento, la DEA en República Dominicana vive un episodio que nadie esperaba, y el país observa con atención cómo se desarrollará esta investigación que mezcla poder, responsabilidad y una confianza rota.















