Una vez más, la República Dominicana se asoma al Clásico Mundial de Béisbol con traje de favorito. No es casualidad ni exageración patriótica. La verdad es que, cuando se revisa el talento disponible, el término “trabuco” se queda corto. Y el 2026 no pinta distinto.
Desde 1995, ningún país ha exportado más jugadores a las Grandes Ligas que la República Dominicana, y esa realidad vuelve a sentirse con fuerza de cara al próximo Clásico. Bajo la gerencia de Nelson Cruz, en su segundo ciclo al frente de la selección, el equipo dominicano vuelve a presentar —al menos en el papel— una combinación intimidante de poder ofensivo y brazos confiables, tanto en la rotación como en el bullpen.
Claro, el recuerdo del Clásico 2023 todavía escuece. Aquel torneo en Miami, encasillado como el famoso “grupo de la muerte”, terminó siendo una decepción mayúscula. Récord de 2-2, derrotas ante Venezuela y Puerto Rico y una eliminación temprana que nadie esperaba. Fue uno de esos golpes que obligan a mirarse al espejo y replantearlo todo.
Pero el béisbol, como la vida, siempre da revancha.
En el 2026, Dominicana volverá a iniciar su camino en el Grupo D, en Miami, enfrentándose a Nicaragua el 6 de marzo, Países Bajos el día 8, Israel el 9 y Venezuela el 11. Un calendario exigente, sí, pero también una oportunidad perfecta para ajustar cuentas pendientes.
La referencia inevitable sigue siendo 2013, el año dorado. Aquel equipo dirigido por Tony Peña no perdió un solo juego y terminó levantando el trofeo con marca perfecta de 8-0. Robinson Canó fue el JMV del torneo y Puerto Rico cayó tres veces, incluida la final en San Francisco, sellada por un doble de Edwin Encarnación, otro de Eric Aybar y el séptimo salvamento de Fernando Rodney. Una actuación que todavía se recuerda como un manual de dominio total.
El posible roster del 2026 invita a soñar. En la rotación, nombres como Cristopher Sánchez, Sandy Alcántara, Bryan Bello y Luis Severino ofrecen una mezcla de poder, experiencia y control. Detrás de ellos, un relevo profundo y eléctrico, con brazos como Camilo Doval, Seranthony Domínguez, Wandy Peralta, Gregory Soto y Carlos Estévez, entre otros, listo para cerrar puertas sin remordimientos.
¿Y la ofensiva? Ahí es donde la imaginación se queda corta. Juan Soto, Julio Rodríguez, Fernando Tatis Jr. y Oneil Cruz podrían patrullar los jardines como si fueran una tormenta perfecta. Velocidad, fuerza, brazo… todo junto. En el cuadro interior, el lujo continúa con Vladimir Guerrero Jr., Manny Machado, Ketel Marte, Jeremy Peña, Junior Caminero y Amed Rosario, una alineación que obliga a cualquier lanzador rival a pensarlo dos veces antes de lanzar un strike.
Detrás del plato, Austin Wells, con raíces dominicanas, y Agustín Ramírez aportan juventud y proyección, mientras algunos brazos jóvenes como Elvis Alvarado podrían ganarse un espacio como piezas de complemento.
Pero quizá la historia más llamativa no esté en el terreno, sino en el dugout. Albert Pujols asume como manager, luego de la experiencia de Rodney Linares en 2023. Y es que Pujols no llega improvisando: ya ganó en LIDOM con los Leones del Escogido y levantó la Serie del Caribe poco después. Ahora, el reto es mayor. Mucho mayor. Guiar a un grupo repleto de estrellas, administrar egos, roles y oportunidades en un torneo corto donde cada decisión pesa toneladas.
Esa es, quizás, la gran interrogante: ¿cómo encajar tantas figuras sin perder el equilibrio? Porque tener demasiado talento también puede ser un rompecabezas.
Aun así, una cosa parece clara. La República Dominicana vuelve al Clásico Mundial con sed de revancha, memoria larga… y un roster que impone respeto antes del primer lanzamiento.











