El presidente norteamericano, Donald Trump, en el Salón Oval de la Casa Blanca, en Washington, el 31 de marzo de 2026. - Créditos: @Alex Brandon
Sam Altman, Dario Amodei y Elon Musk respaldan desacelerar el desarrollo de sistemas avanzados para dar mayor espacio a las medidas de seguridad. Trump sostiene que aumentar la regulación podría favorecer a China.
WASHINGTON.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó reforzar los controles sobre el desarrollo de la inteligencia artificial después de que varios de los principales ejecutivos del sector, entre ellos Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, respaldaran una desaceleración que permita a las medidas de seguridad avanzar al ritmo de las nuevas capacidades tecnológicas.
La posición presidencial quedó expuesta el lunes, cuando Trump denunció en Truth Social la existencia de una “conspiración enfermiza” contra la inteligencia artificial y los centros de datos. El mandatario argumentó que Estados Unidos ya dispone de amplias facultades regulatorias y penales sobre las compañías del sector y consideró innecesario añadir nuevas restricciones.
“El único control o mecanismo de seguridad que necesita la IA es un presidente fuerte e inteligente”, escribió Trump, quien vinculó su rechazo a mayores controles con la competencia tecnológica que Estados Unidos mantiene con China. “Quien gane en la IA, gana”, afirmó.
Las declaraciones llegan después de que Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, propusiera desacelerar coordinadamente el desarrollo de los sistemas más avanzados para disponer de mayor tiempo para estudiar sus riesgos y fortalecer los mecanismos de seguridad. La propuesta recibió el respaldo público de Altman, Elon Musk, Demis Hassabis y Satya Nadella.
La diferencia de criterios coloca frente a frente dos preocupaciones que empiezan a dominar la discusión sobre la IA en Estados Unidos: mantener el liderazgo tecnológico frente a otros países y determinar hasta dónde deben llegar las salvaguardas antes de que los sistemas alcancen capacidades más difíciles de controlar.
Trump dirigió parte de sus críticas contra Amodei y aseguró que su Administración ya ha impedido que empresas de inteligencia artificial realicen acciones “malas o potencialmente malas”. El presidente sostiene que imponer restricciones adicionales podría reducir la ventaja estadounidense y beneficiar a China.
El debate se extiende también a la infraestructura necesaria para sostener la expansión de la IA. Trump impulsa la construcción de centros de datos y una mayor producción energética, pero esos proyectos enfrentan resistencia en distintas comunidades.
Una encuesta de Gallup publicada en mayo encontró que siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción de centros de datos de inteligencia artificial en su área, incluido un 48 % que se declara firmemente contrario. Apenas alrededor de una cuarta parte los favorece. Entre las preocupaciones figuran el consumo de electricidad y agua, el impacto ambiental y sus posibles efectos sobre las facturas eléctricas.
La discusión deja abierta una cuestión central para Washington: cómo sostener la carrera estadounidense por el liderazgo en inteligencia artificial mientras algunos de los propios responsables de desarrollar la tecnología advierten que sus capacidades avanzan más rápido que los mecanismos diseñados para mantenerlas bajo control.

