CLEVELAND — Hay récords… y hay récords que parecen intocables. De esos que atraviesan generaciones, que sobreviven guerras, cambios de era y transformaciones del juego. Pero la verdad es que incluso esas marcas, algún día, encuentran a quien las desafíe.
Y ese momento llegó.
La noche del lunes, en el Progressive Field, el dominicano José Ramírez escribió una nueva página en la historia de los Guardianes de Cleveland al disputar su partido número 1,620 con la franquicia, dejando atrás un registro que se mantenía intacto desde 1918. Sí, más de un siglo después, el nombre de Terry Turner quedó finalmente en segundo plano.
La escena fue sencilla, casi silenciosa… pero cargada de simbolismo. Los jugadores salían uno a uno desde el dugout de tercera base. Y como dictaba la lógica —y también el respeto—, Ramírez fue el último en pisar el terreno. No era casualidad. Era el reconocimiento a una trayectoria que ya forma parte del ADN del equipo.
Porque si algo define a “Hosey”, como le llaman dentro del clubhouse, es su constancia. Su capacidad de mantenerse. De rendir. De estar.
“Creo que esto demuestra quién es José y lo que representa”, dijo Steven Kwan, dejando entrever que no se trata solo de números, sino de identidad. Y es que en tiempos donde la lealtad en el deporte suele ser efímera, Ramírez ha construido su carrera completa en Cleveland, desde que firmó como agente libre internacional en 2009, hasta convertirse en el rostro de la organización.
Debutó en 2013 con apenas 20 años. Hoy, 14 temporadas después, no solo sigue vigente… sigue siendo determinante. Además, ha apostado por quedarse. Dos extensiones de contrato —incluida una reciente que lo vincula hasta 2032— confirman que su historia y la de los Guardianes están profundamente entrelazadas.
El manager Stephen Vogt lo resumió con emoción contenida:
“Es una noche especial para Cleveland… y para la franquicia”.
Y es que más allá del récord, lo que realmente queda es el significado.
Porque José Ramírez no solo rompió una marca que duró más de 100 años…
también reafirmó algo que no siempre aparece en las estadísticas: el valor de la permanencia, la disciplina… y el compromiso con una sola camiseta.









