San Juan de la Maguana amaneció distinto. No fue un domingo cualquiera. Fue uno de esos días en los que la gente decide salir, mirar al frente… y hacerse sentir.
Miles de personas tomaron las calles en una marcha-caravana que, más que una protesta, parecía un grito colectivo. Un mensaje claro. Directo. Sin rodeos: “agua sí, oro no”.
Desde el Arco del Triunfo hasta la Presa de Sabaneta, el recorrido estuvo cargado de consignas, pancartas y una energía difícil de ignorar. Familias completas, jóvenes, agricultores… incluso dominicanos que viajaron desde otros puntos del país y la diáspora se sumaron a la causa. Porque, como repetían muchos, no se trata solo de minería. Se trata de futuro.
Y es que la verdad es que el debate va mucho más allá de un proyecto. El llamado “Proyecto Romero”, impulsado por la empresa canadiense GoldQuest Mining Corp, plantea la extracción de oro, cobre y plata en la Cordillera Central. Un yacimiento valorado en miles de millones de dólares. Pero para muchos en San Juan, el precio podría ser demasiado alto.
“Lo que pasó en Cotuí no lo queremos aquí”, se leía en varios carteles. Una frase que no es casual. Es memoria. Es advertencia.
Al llegar a la Presa de Sabaneta —clave para el riego de más de 30 mil hectáreas y fuente de energía hidroeléctrica— el ambiente cambió. La tensión subió. Lo que era una jornada de consignas se tornó en confrontación: agentes del orden dispersaron a los manifestantes con bombas lacrimógenas y chorros de agua a presión.
Aun así, el mensaje no se diluyó.
“El agua es vida. Sin agua no hay agricultura, no hay pueblo”, decía uno de los presentes, con la voz entrecortada pero firme. Y es que en una provincia donde la tierra produce, donde el campo es sustento, la minería no se ve como desarrollo… sino como riesgo.
El alcalde Lenin de la Rosa también alzó la voz, alineándose con la comunidad: no quiere un proyecto que comprometa la salud ni el entorno de su gente.
Mientras tanto, desde el Gobierno, el enfoque es otro. El ministro de Energía y Minas, Joel Santos, insiste en que cualquier decisión debe basarse en estudios científicos. Nada de percepciones. Nada improvisado. Todo dependerá del Estudio de Impacto Ambiental, cuyos resultados se esperan en los próximos meses.
Pero en la calle, la paciencia tiene límites.
Rubén Moreta, vocero del movimiento antiminero, fue claro: la marcha fue un éxito histórico. Y lanzó un ultimátum de siete días al Poder Ejecutivo. Si no hay respuesta, las movilizaciones continuarán.
Así, San Juan queda en un punto de tensión. Entre la promesa de inversión y desarrollo… y el temor de perder lo más esencial.
Porque al final, más allá de cifras y estudios, la pregunta sigue en el aire:
¿Vale el oro más que el agua?














