San José de las Matas, Santiago.— Mientras gran parte del debate ambiental se centra en cómo proteger los recursos naturales para las futuras generaciones, cerca de 150 voluntarios decidieron pasar de las palabras a la acción.
El Banco Popular Dominicano y la Fundación Popular realizaron una jornada de reforestación en la comunidad de Jaiquí Picado, en La Cuesta, San José de las Matas, donde fueron sembrados 4,000 árboles como parte de su segunda iniciativa de este tipo en 2026.
La actividad, desarrollada junto a Plan Sierra, busca fortalecer la protección de importantes fuentes hídricas del norte del país, especialmente la subcuenca del río Ámina y la microcuenca del río Sui, dos afluentes esenciales para el equilibrio ambiental y el abastecimiento de agua en la región.
La verdad es que el impacto va mucho más allá de la siembra de miles de plántulas.
Una vez alcancen su madurez, los árboles contribuirán a ampliar la cobertura forestal en más de 97 tareas de terreno, además de capturar anualmente unas 1,280 toneladas de dióxido de carbono, retener cerca de 480,000 kilogramos de suelo y almacenar hasta 12 millones de litros de agua.
Entre las especies sembradas figuran caoba criolla, cedro, roble, cabirma, samán y cigua prieta, seleccionadas por su valor ecológico y su capacidad para fortalecer los ecosistemas de montaña.
Además, esta jornada refuerza una trayectoria ambiental que se ha mantenido durante más de dos décadas. Desde el año 2000, el Voluntariado Popular acumula más de 1.3 millones de plantas sembradas en diferentes puntos del territorio nacional, una cifra que refleja la dimensión de un compromiso sostenido con la conservación de los recursos naturales.
La alianza con Plan Sierra también ha sido determinante. De acuerdo con datos ofrecidos durante la actividad, el respaldo constante de la entidad financiera desde 1979 ha contribuido a que la cobertura boscosa de la zona alcance actualmente un 62 %, un resultado que muchos consideran un referente de colaboración entre el sector privado y las organizaciones ambientales.
Como parte del proceso, los voluntarios recibieron capacitación técnica sobre prácticas responsables de reforestación y manejo forestal. Asimismo, se empleó tecnología de polímeros para aumentar hasta un 80 % la supervivencia de las plántulas sembradas, mejorando las probabilidades de éxito del proyecto.
En una provincia donde nacen importantes fuentes de agua para el país, cada árbol sembrado representa mucho más que una planta nueva. Representa una inversión en el futuro, una apuesta por la sostenibilidad y una forma concreta de proteger la riqueza natural de la Sierra.














