JUAN MARICHAL Y EL CY YOUNG: LA GRAN DEUDA DE UNA ERA DOMINADA POR GIGANTES
Redacción
septiembre 11, 2026 4 minutos de lectura
Con su característico movimiento de pierna alta y control preciso, Juan Marichal ganó 191 juegos en la década de 1960, la mayor cantidad de cualquier lanzador en el béisbol. (Salón de la Fama y Museo Nacional del Béisbol)
uan Marichal construyó una carrera digna de Cooperstown, dominó a los bateadores durante buena parte de la década de 1960 y firmó números que hoy parecen sacados de otra época. Sin embargo, nunca ganó el premio Cy Young.
No fue por falta de méritos. La verdad es que al dominicano le tocó competir en uno de los períodos más extraordinarios en la historia del pitcheo, enfrentándose por el galardón a leyendas como Sandy Koufax, Bob Gibson y Tom Seaver.
A solicitud de Francisco Moronta, amante y fiel seguidor del béisbol, vale la pena refrescar una historia que las nuevas generaciones de cronistas y fanáticos necesitan conocer.
EL MONSTRUO DE LAGUNA VERDE
Marichal lanzó durante 17 temporadas en las Grandes Ligas, entre 1960 y 1975. Vivió sus años gloriosos con los Gigantes de San Francisco, pasó brevemente por los Medias Rojas de Boston y cerró su trayectoria con apenas dos presentaciones para los Dodgers de Los Ángeles, cuando las molestias físicas ya no le permitían continuar.
El derecho de Laguna Verde, Montecristi, terminó con marca de 243 victorias y 142 derrotas, efectividad de 2.89, 2,303 ponches y 3,507 entradas lanzadas. Además, completó la asombrosa cantidad de 244 partidos, una cifra casi inimaginable en el béisbol actual.
De ahí surgió aquel apodo que resumía su presencia en el montículo: “El Monstruo de Laguna Verde”.
Su dominio comenzó desde el estreno. El 19 de julio de 1960 lanzó un partido de un solo hit frente a Filadelfia; Clay Dalrymple rompió el juego sin hits con un sencillo en la octava entrada. Aquella actuación fue apenas el anuncio de lo que vendría.
Marichal superó las 20 victorias en seis temporadas. Y aunque la sabermetría moderna ha reducido el peso de ese renglón para evaluar a un lanzador, aquellos triunfos tenían otro contexto: los abridores trabajaban siete, ocho y hasta nueve episodios. No se celebraban cinco entradas como una faena monumental. Había que recorrer el camino completo.
EL OBSTÁCULO LLAMADO SANDY KOUFAX
El Cy Young comenzó a entregarse en 1956, pero hasta 1966 solamente se otorgaba uno para todas las Grandes Ligas. Marichal, por tanto, no solo competía contra los mejores lanzadores de la Liga Nacional, sino también contra los de la Americana.
En 1963 tuvo marca de 25-8 y efectividad de 2.41. En cualquier otra temporada esos números habrían podido coronarlo, pero Koufax registró 25-5, efectividad de 1.88 y 306 ponches.
Un año después, Marichal terminó 21-8 y 2.48, pero Dean Chance se llevó el premio con 20-9 y una microscópica efectividad de 1.65.
La historia volvió a repetirse en 1965. El dominicano ganó 22 partidos, registró 2.48 de efectividad y encabezó la liga con 22 juegos completos. Koufax, sin embargo, respondió con 26 victorias y 382 ponches.
En 1966, Marichal presentó quizá uno de sus argumentos más poderosos: 25-6, efectividad de 2.23 y 25 partidos completos. Pero nuevamente apareció Koufax con una campaña descomunal: 27-9, efectividad de 1.73 y 317 ponches.
GIBSON Y SEAVER TAMBIÉN SE CRUZARON
Cuando el premio comenzó a entregarse por separado en cada liga, la competencia tampoco cedió.
Marichal ganó 26 encuentros en 1968 y completó 30, pero Bob Gibson protagonizó una temporada histórica con efectividad de 1.12. En 1969, el dominicano lideró la Liga Nacional con 2.10 de efectividad y sumó 21 victorias, aunque Tom Seaver obtuvo el reconocimiento tras conducir a los sorprendentes Mets de Nueva York.
Marichal nunca levantó el Cy Young, pero su grandeza no depende de un trofeo. Fue exaltado al Salón de la Fama en 1983 y abrió un camino que después recorrieron Pedro Martínez, ganador de tres premios; Bartolo Colón, vencedor en 2005, y Sandy Alcántara, coronado en 2022.
El Cy Young nunca llegó a sus manos. Su legado, en cambio, quedó para siempre.