Estados Unidos guarda silencio a 25 años del horror que cambió su historia
NUEVA YORK.— Veinticinco años después, Estados Unidos vuelve a pronunciar los nombres. Uno por uno. Sin prisas. Como si en cada pausa tratara de recuperar las vidas que una mañana despejada de septiembre le fueron arrebatadas en apenas 102 minutos.
El país conmemora este viernes el aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, una tragedia que dejó 2,977 muertos en Nueva York, el Pentágono y Shanksville, Pensilvania, y que transformó para siempre la seguridad, la política exterior y la vida cotidiana de los estadounidenses.
El corazón de la jornada vuelve a estar en el Memorial del 11-S, levantado en el espacio que alguna vez ocuparon las Torres Gemelas. Allí, familiares de las víctimas leen los 2,983 nombres inscritos en bronce: los de quienes murieron en los ataques de 2001 y los de las seis personas asesinadas durante el atentado contra el World Trade Center en 1993.
No son simples cifras. Detrás de cada nombre quedó una silla vacía, una llamada que nunca llegó, un hijo que creció sin uno de sus padres o una familia obligada a aprender a convivir con una ausencia imposible de explicar.
Durante la ceremonia se observan siete momentos de silencio. Seis recuerdan los impactos de los aviones, el derrumbe de las torres, el ataque al Pentágono y la caída del vuelo 93. El séptimo, incorporado este año, honra a quienes fallecieron posteriormente por enfermedades asociadas con la exposición al polvo tóxico de la Zona Cero.
Y es que el 11-S no terminó cuando se disipó el humo. Cerca de 10,000 personas han muerto por cánceres, afecciones respiratorias y otras enfermedades vinculadas con aquella nube contaminante, una cifra que ya supera ampliamente las pérdidas humanas registradas durante los ataques.
Esa herida médica vuelve a ocupar el centro del debate tras la divulgación de más de 170,000 páginas de documentos municipales. Los expedientes indican que las autoridades conocían los riesgos del aire contaminado mientras públicamente transmitían tranquilidad a residentes, trabajadores y socorristas.
El presidente Donald Trump participa en la conmemoración desde el Pentágono, mientras el vicepresidente JD Vance y varios expresidentes acompañan los actos en Nueva York. En Pensilvania también se recuerda a los pasajeros y tripulantes del vuelo 93, cuya resistencia impidió que el cuarto avión alcanzara su objetivo en Washington.
Un cuarto de siglo ha pasado. La ciudad reconstruyó su horizonte y el país siguió adelante. Pero este viernes, frente a dos enormes estanques que ocupan el vacío dejado por las torres, Estados Unidos vuelve a detenerse. Porque hay dolores que el tiempo suaviza, pero jamás consigue borrar.

