NUEVA YORK.– Este viernes 11 de septiembre de 2026 se cumplen 25 años de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, una fecha que cambió para siempre la historia de Nueva York, Estados Unidos y buena parte del mundo.
Un cuarto de siglo después, el recuerdo de aquella mañana permanece profundamente ligado al lugar donde se levantaban las Torres Gemelas del World Trade Center. Allí donde hoy se encuentran las dos enormes piscinas del National September 11 Memorial, están inscritos los nombres de las personas que perdieron la vida en los ataques. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 dejaron 2,977 víctimas mortales.
La conmemoración de este año tiene un significado especial. El 9/11 Memorial & Museum señala que una nueva generación de estadounidenses ha crecido sin recuerdos personales de aquel día. Por ello, el aniversario número 25 busca no solamente recordar a las víctimas, sino también transmitir a los jóvenes las historias de valentía, solidaridad, compasión y servicio que surgieron después de la tragedia.
Dos serranos que forman parte del National September 11 Memorial
Francisco Eligio Bourdier, era de Jánico y trabajaba como agente de seguridad del Deutsche Bank, en el World Trade Center, cuentan de su dedicación al cuidado de su hija Francesca que después de cumplir su turno matutino, Bourdier dedicaba el resto del día a cuidadar de su pequeña hija de apenas 22 meses, quien era el centro de su vida. La llevaba a todas partes, desde las tiendas y el parque regularmente. Cada tarde, alrededor de las 5:00, acostumbraba a ponerla a dormir la siesta y cerca de las 10:00 de la noche, conducía con ella desde Jackson Heights, Queens, hasta Manhattan para recoger a su esposa, Erma, gerente del turno nocturno de un hotel. El nombre de Francisco Eligio Bourdier aparece en la Piscina Sur, panel S-38.

Los restos de Pedro Francisco Checo también conocido como (Frankie) nunca aparecieron. Checo trabajaba como gerente de operaciones para la empresa de mercadeo Fiduciary Trust, ubicada en el piso 96 de la Torre Sur del World Trade Center. El 11 de septiembre de 2001 llegó más temprano a su oficina para organizar documentos y preparar material para sus empleados. Años antes, había sobrevivido al atentado de febrero de 1993 contra las mismas torres, cuando terroristas detonaron una camioneta cargada de explosivos en el estacionamiento subterráneo del complejo. Minutos después del impacto del segundo avión contra la Torre Sur, Frankie llamó a sus padres, Francisco y María Checo. Su última conversación fue breve: les aseguró que estaba bien y les pidió que no se preocuparan. Desde entonces, desapareció para siempre.
Sus familiares han sostenido durante años la hipótesis de que un hombre captado en una imagen mientras caía desde el piso 96 podría ser Frankie. Sin embargo, sus restos nunca fueron encontrados y tampoco apareció evidencia que permita establecer con certeza qué ocurrió con él. Para entonces, Checo había alcanzado el cargo de vicepresidente de la empresa y dejó en la orfandad a sus dos hijos, Jasen y Julian, además de su esposa, Milly Cabrera. Su historia quedó ligada para siempre a una de las mayores tragedias de la historia de Estados Unidos. La última llamada que realizó a sus padres, pocos minutos después del impacto del segundo avión, permanece como el último contacto conocido con su familia y como un doloroso recuerdo de una desaparición cuya incertidumbre persiste más de dos décadas después. También en la Piscina Sur, el nombre de Pedro Francisco Checo se encuentra en el panel S-39.


