La decisión de los Boston Red Sox no fue impulsiva.
Fue fría. Calculada. Y, sobre todo, necesaria.
Despedir a Alex Cora —un dirigente con anillo de Serie Mundial y contrato vigente— no es cualquier movimiento. Pero cuando un equipo arranca 10-17… y luce perdido en identidad, en ejecución y en dirección… alguien tiene que asumir el golpe.
Y en Boston lo entendieron rápido.
Porque esto no es solo perder juegos.
Es cómo los pierdes.
Es la sensación de que el equipo no compite… de que no responde… de que no hay reacción.
Ahí es donde las organizaciones grandes marcan la diferencia.
El mensaje de Boston: aquí no se espera
La llegada de Chad Tracy como dirigente interino no es solo un cambio de nombre.
Es un cambio de energía.
Un mensaje claro: esto no está funcionando… y hay que moverlo ya.
Y además, Tracy entra con una carga simbólica interesante.
Se convierte, junto a su padre Jim Tracy, en parte de ese grupo exclusivo de duplas padre-hijo managers en MLB.
Una lista corta. Selecta. Con historia:
- Connie Mack – Earle Mack
- George Sisler – Dick Sisler
- Bob Skinner – Joel Skinner
- Bob Boone – Aaron Boone
- Buddy Bell – David Bell
- Felipe Alou – Luis Rojas
- Chad Tracy – Jim Tracy
Pero más allá del dato histórico… lo importante es el contexto.
Boston no quiso salvar la temporada… quiso sacudirla.
Ahora miremos a Nueva York…
Porque mientras Boston actúa… los Mets dudan.
El equipo de Carlos Mendoza no está simplemente en mala racha.
Está en caída libre.
Perder 15 de los últimos 17 juegos no es un bache… es una crisis estructural.
Los números son alarmantes:
.226 de promedio colectivo.
Poder casi inexistente.
Producción ofensiva entre las peores de la liga.
Y lo más preocupante… no hay señales de respuesta.
Sí, hay factores… lesiones como la de Francisco Lindor… momentos discretos de figuras como Juan Soto… pero la realidad es que con una nómina de 350 millones de dólares, ese tipo de excusas no alcanza.
La gran pregunta: ¿cuándo es suficiente?
En MLB hay una regla no escrita:
cuando no puedes cambiar a 26 jugadores… cambias al manager.
Boston ya lo hizo.
Y en Nueva York, la sensación crece…
de que si no hay un giro inmediato… el próximo nombre en caer podría ser Mendoza.
No necesariamente porque sea el único responsable…
pero sí porque es el rostro visible del problema.










