El mánager de San Francisco intentó sacar, sin éxito, al «Dominican Dandy»
En la temporada de 1963, varios partidos se decidieron con un jonrón, luego de 13 ó más entradas, pero en ese abanico de juegos taquicárdicos hay uno digno de una película de suspenso de Alfred Hitchcock y que no podré olvidar.
Lo seguimos inning tras inning por la «Cadena de Los Grandes», en las voces del Internacional Billy Berroa; en los comentarios el querido Cometón Max Álvarez y en los comerciales «La Voz que Vende» Freddy Mondesí, a través de Radio Universal, emisora que en ese entonces era propiedad de Ellis Pérez ubicada en el antiguo hotel Jaragua, y cuyo slogan de presentación era un merengue que en su estribillo decía: «650 kilociclos, 5 mil vatios de simpatía».
Ese juego histórico fue protagonizado por dos grandes lanzadores: Warren Spahn y Juan Marichal, el martes 2 de julio de 1963; se cumplen hoy 63 años, en el Candlestick Park, con una asistencia de 15,921, en un choque que duró cuatro horas y 10 minutos.
Spahn (11-4), de los Bravos de Milwaukee y Marichal (13-3), de los Gigantes de San Francisco se enfrascaron en un duelo de 16 entradas, donde ambos serpentineros trabajaron la ruta completa.
Spahn se enfrentó a 56 bateadores, lanzó 15.1 innings, permitiendo 9 hits, dio una base, ponchó a dos y perdió 1-0, cuando Willie Mays le disparó jonrón. Marichal le lanzó a 59 bateadores, admitió ocho hits, dio cuatro bases por bolas y ponchó a 10. Cada cero era replicado de inmediato con otro más contundente.
Cuando el mánager Bill Rigney intentó sacar al «Dandy Dominicano», luego que el juego se fue a extrainning, Marichal le contestó: «Si ese viejo puede seguir lanzando, yo también lo puedo hacer». Para esa fecha Spahn contaba 42 años.
Durante los últimos ocho innings, Marichal sólo permitió dos hits a los Bravos y retiró a 17 en fila. Cada uno hizo más de 200 pitcheos. En el box score oficial de Baseball Reference no se consignan los lanzamientos.
Hace 63 años, Juan Marichal y Warren Spahn protagonizaron uno de los enfrentamientos más extraordinarios en la historia del béisbol, una batalla de resistencia que todavía emociona a generaciones.
Hubo juegos memorables. Hubo clásicos inolvidables. Pero el Duelo Spahn-Marichal pertenece a una categoría distinta. Fue una exhibición de orgullo, talento y resistencia que convirtió un partido de béisbol en una auténtica película de suspenso, de esas que mantienen al público sin despegar la mirada hasta el último segundo.
El martes 2 de julio de 1963, en el Candlestick Park de San Francisco y ante 15,921 espectadores, dos gigantes del montículo escribieron una de las páginas más legendarias de las Grandes Ligas. Juan Marichal, con los Gigantes de San Francisco, y Warren Spahn, de los Bravos de Milwaukee, sostuvieron un duelo de 16 entradas que aún hoy es considerado una joya irrepetible.
La verdad es que el encuentro desafió toda lógica. En una época en la que los lanzadores eran tratados como auténticos caballos de batalla, ambos decidieron ignorar el cansancio y seguir peleando lanzamiento tras lanzamiento. Marichal llegó con marca de 13-3, mientras Spahn presentaba récord de 11-4, pero durante más de cuatro horas esas cifras quedaron en segundo plano.
El partido también quedó grabado en la memoria de miles de fanáticos dominicanos que lo siguieron por la Cadena de Los Grandes, con la narración del inolvidable Billy Berroa, los comentarios de Max Álvarez y los comerciales de Freddy Mondesí a través de Radio Universal, cuya inconfundible presentación anunciaba: «650 kilociclos, 5 mil vatios de simpatía».
Y es que cada episodio aumentaba la tensión. Ninguno cedía terreno. Cada cero colocado por uno encontraba respuesta inmediata del otro. Era una batalla de inteligencia, precisión y carácter.
Entonces llegó uno de los momentos más recordados del béisbol.
Cuando el encuentro entró en entradas extras, el dirigente Bill Rigney consideró que había llegado el momento de sustituir a Marichal. Sin embargo, el derecho dominicano rechazó la idea con una frase que pasó a la historia:
«Si ese viejo puede seguir lanzando, yo también lo puedo hacer.»
El «viejo» era Warren Spahn, quien a sus 42 años seguía dominando desde el montículo con una competitividad admirable.
Aquellas palabras resumieron el espíritu de la noche.
El momento que inmortalizó el Duelo Spahn-Marichal
Durante los últimos ocho episodios, Marichal permitió apenas dos imparables y retiró a 17 bateadores de manera consecutiva. Su dominio fue absoluto en el tramo más exigente del compromiso.
Spahn tampoco cedía. Enfrentó a 56 bateadores, trabajó 15.1 entradas, permitió nueve imparables, concedió una base por bolas y ponchó a dos rivales.
Marichal respondió con una actuación igualmente monumental: enfrentó a 59 bateadores, lanzó las 16 entradas completas, aceptó ocho hits, otorgó cuatro boletos y ponchó a diez.
Los registros oficiales de la época ni siquiera contabilizaban la cantidad de lanzamientos, aunque diversas reconstrucciones históricas estiman que ambos superaron ampliamente los 200 pitcheos.
Finalmente, después de cuatro horas y diez minutos de batalla, apareció el hombre destinado a cerrar la historia.
En la parte baja del inning 16, Willie Mays desapareció la pelota con un cuadrangular que dejó tendido a Milwaukee y selló la victoria de San Francisco por 1-0.
Fue el único batazo necesario para romper un empate que parecía eterno.
Más de seis décadas después, el Duelo Spahn-Marichal continúa siendo referencia obligada cuando se habla de los mejores enfrentamientos entre lanzadores en la historia del béisbol. No fue únicamente un juego ganado o perdido. Fue una demostración de valentía, orgullo competitivo y resistencia física difícil de imaginar en el béisbol moderno.
Quizás esa sea la razón por la que sigue emocionando generación tras generación. Porque algunas victorias se celebran… pero otras simplemente entran para siempre en la historia.
Y la pregunta permanece vigente: ¿volverá el béisbol a regalarnos un duelo de semejante grandeza?

