El dolor de las familias que ven a sus jóvenes atrapados en las drogas ocupa el centro de una advertencia de la Iglesia católica: el país necesita una política integral, transparente y efectiva para enfrentar las adicciones y proteger el futuro de su juventud.
En su editorial, el semanario Camino, órgano de difusión de la Iglesia, vincula el auge de la delincuencia, la inseguridad y la violencia con el consumo de estupefacientes entre jóvenes y adultos. Su preocupación alcanza tanto el deterioro de quienes padecen una adicción como el sufrimiento que se extiende a sus hogares.
“Lacera el alma ver a tantos jóvenes que tronchan su presente y futuro, al caer en este vicio, además de los sufrimientos que traen a su familia”, expresa la publicación.
Detrás del reclamo hay una inquietud concreta: las oportunidades que se pierden cuando la dependencia comienza a condicionar la vida. El editorial pide actuar para impedir que más jóvenes queden atrapados en una situación que les dificulte desarrollar sus proyectos y alcanzar una vida plena.
Una denuncia que alcanza a las instituciones
El señalamiento más severo de Camino apunta a miembros de los organismos responsables de combatir las drogas. La publicación denuncia que algunos se convierten en cómplices al aceptar sobornos o ignorar los lugares donde se venden y distribuyen sustancias ilícitas.
El texto suministrado no identifica funcionarios ni presenta casos específicos. Sin embargo, plantea un cuestionamiento directo a la actuación institucional: quienes tienen el deber de frenar este problema terminan facilitando su permanencia cuando toleran el negocio.
Según el semanario, esta realidad se observa tanto en los barrios como en comunidades rurales apartadas, del llano y de la montaña. El llamado, por tanto, abarca también esos territorios donde las familias enfrentan el problema lejos de los principales centros urbanos.
Prevención, atención y acompañamiento
La exhortación coincide con el mensaje del papa León XIV, quien recibió el 27 de agosto a participantes de un encuentro sobre adicciones en América Latina. Durante esa audiencia, el pontífice reclamó una respuesta que reúna prevención comunitaria, atención científica, justicia con sentido humano y acompañamiento pastoral cercano. También aclaró que la labor de la Iglesia debe complementar el trabajo de la psiquiatría, las neurociencias y la salud pública.
El editorial de Camino coloca así dos responsabilidades sobre la mesa: ofrecer apoyo a quienes sufren una adicción y exigir integridad a quienes deben combatir el tráfico de drogas. Su petición es que la protección de la juventud se traduzca en una política capaz de llegar a las comunidades y sostener a las familias antes de que más proyectos de vida queden truncados.

