Durante décadas, la política dominicana se movió bajo una lógica relativamente predecible. Los partidos dominaban el escenario, las estructuras territoriales organizaban el voto y las lealtades partidarias parecían casi hereditarias. Hoy, sin embargo, esa estabilidad comienza a mostrar grietas visibles.
La más reciente encuesta Gallup-Diario Libre no solo mide simpatías políticas. También retrata un cambio más profundo: el debilitamiento progresivo de las identidades partidarias tradicionales y el ascenso de un electorado cada vez más volátil, más independiente y menos dispuesto a entregar fidelidades automáticas.
Ninguna organización política posee actualmente la fuerza suficiente para garantizar una victoria en primera vuelta de cara a 2028. Ese dato, por sí solo, altera el mapa político nacional.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) lidera con 30.4 % de simpatía partidaria. La Fuerza del Pueblo y el Partido de la Liberación Dominicana aparecen prácticamente empatados, ambos alrededor del 19 %. Pero el número más significativo quizás sea otro: un 23.5 % de los entrevistados asegura no simpatizar con ningún partido político.
Ese segmento ya no puede verse como un dato marginal. Representa una señal clara de agotamiento del modelo político construido durante las últimas dos décadas.
La política dominicana parece desplazarse desde la fidelidad partidaria hacia algo más emocional y menos estructural: liderazgo individual, percepción de eficiencia y construcción de imagen pública.
El fenómeno Collado y la política de gestión
Dentro del oficialismo, la encuesta deja una conclusión contundente: David Collado domina ampliamente el escenario interno del PRM. Su 61.8 % de respaldo entre simpatizantes oficialistas no solo representa ventaja; representa concentración de expectativas.
En sistemas presidenciales como el dominicano, las diferencias amplias producen algo más importante que intención de voto: crean sensación de inevitabilidad.
Collado parece beneficiarse de una tendencia regional cada vez más evidente. El electorado premia perfiles asociados a administración, resultados visibles y baja confrontación ideológica. Su narrativa pública se ha construido menos desde el discurso partidario clásico y más desde la gestión urbana, el turismo y la idea de eficiencia administrativa.
Eso explica, en parte, otro dato clave del estudio: lidera también la medición nacional de favorabilidad con 60.8 %.
Pocas figuras políticas logran simultáneamente control interno y aceptación transversal. Generalmente, quienes dominan sus partidos generan altos niveles de rechazo fuera de ellos. Otros poseen buena imagen pública, pero carecen de estructura política real. Collado, al menos por ahora, parece haber logrado ambas cosas.
Sin embargo, ahí mismo aparece el principal riesgo para el oficialismo.
La historia política dominicana está llena de gobiernos fuertes que comenzaron a fracturarse precisamente cuando llegó el momento de decidir la sucesión presidencial.
Leonel conserva el control; Omar representa el futuro
En la Fuerza del Pueblo ocurre un fenómeno más complejo.
Leonel Fernández continúa siendo el eje absoluto del partido. Su liderazgo interno permanece sólido y conserva el peso simbólico de haber construido una estructura política propia después de abandonar el PLD.
Pero la encuesta deja ver otra realidad menos evidente y quizás más importante a largo plazo: el crecimiento silencioso de Omar Fernández.
Omar no desplaza todavía a Leonel dentro de la organización, pero empieza a ocupar algo distinto: el espacio de la expectativa futura.
La diferencia entre ambos se percibe especialmente en los niveles de imagen positiva nacional. Omar registra 54.2 %, ligeramente por encima del 52.8 % de Leonel.
La distancia es pequeña, aunque políticamente significativa.
Porque Omar carga menos desgaste histórico y conecta mejor con sectores urbanos y generaciones que no vivieron directamente los años de hegemonía peledeísta. Mientras Leonel representa experiencia y capacidad estratégica, Omar proyecta renovación sin ruptura traumática.
La Fuerza del Pueblo enfrenta así un desafío delicado: administrar una transición generacional sin debilitar la autoridad del liderazgo que todavía sostiene la cohesión interna del partido.
El problema del PLD ya no es solo electoral
En el PLD, la situación parece más profunda.
Gonzalo Castillo encabeza las preferencias internas, pero el partido continúa transmitiendo dispersión política y dificultades para reconstruir una narrativa convincente después de perder el poder.
La encuesta deja una imagen simbólicamente poderosa: el partido que gobernó República Dominicana durante veinte años ya no logra imponerse claramente sobre la organización nacida de su propia división.
El problema del PLD parece menos relacionado con nombres específicos y más vinculado a identidad política.
Durante años, su fortaleza descansó sobre disciplina interna, maquinaria electoral y control institucional. Hoy, ninguna de esas ventajas luce intacta.
Y quizás el dato más inquietante para la organización sea el crecimiento del “ninguno” dentro de sus propias bases. Ese vacío interno refleja algo más peligroso que una derrota electoral: refleja dificultad para generar entusiasmo.
El ascenso silencioso del votante independiente
La encuesta también confirma un fenómeno que atraviesa gran parte de América Latina: el crecimiento del elector desvinculado emocionalmente de los partidos tradicionales.
Ese 23.5 % que no simpatiza con ninguna organización política funciona como recordatorio de que el sistema dominicano ya no opera bajo las mismas reglas de hace veinte años.
Y ahí reside quizás la principal conclusión del estudio.
La elección de 2028 no parece encaminada hacia una competencia de estructuras rígidas ni de hegemonías inevitables. Se perfila, más bien, como una disputa abierta, emocional y profundamente condicionada por percepción pública.
En otras palabras: menos fidelidad partidaria y más construcción individual de liderazgo.
La política dominicana todavía conserva viejas maquinarias.
Pero el electorado parece haber comenzado a moverse hacia otra dirección.













