La mesa está servida. Y la verdad es que pocas veces la recta final del Torneo de Baloncesto Superior de Santiago había llegado con tanta tensión acumulada. Un solo partido por disputar… y cuatro boletos en juego.
En medio de ese torbellino hay un equipo que respira tranquilo: Sameji. Pase lo que pase, seguirá en la cima. Ha sido el más constante, el más equilibrado, el que hizo la tarea antes de que el reloj empezara a apretar. Esa ventaja no es casualidad; es el premio a una temporada sólida.
Pero del segundo al quinto lugar… eso es otra historia.
Ahí la calculadora saca humo. Pueblo Nuevo, CDP, Plaza Valerio, GUG y Cupes dependen no solo de lo que hagan en cancha, sino también de lo que ocurra en el otro partido. Es como correr los últimos metros de una maratón mirando de reojo al competidor que viene al lado.
Los escenarios son claros, pero impredecibles en emoción.
Si ganan Pueblo Nuevo y CDP, avanzan Sameji, CDP, Pueblo Nuevo y Cupes.
Si celebran GUG y Plaza, cambian las piezas y entran Sameji, Cupes, Pueblo Nuevo y Plaza.
Si se imponen GUG y CDP, los clasificados serían Sameji, CDP, Cupes y Pueblo Nuevo.
Y si triunfan Pueblo Nuevo y Plaza, los semifinalistas serían Sameji, Pueblo Nuevo, Cupes y Plaza.
Así de fino está el margen.
La batalla más cerrada se vive entre Cupes, Pueblo Nuevo, CDP y Plaza. Cada rebote cuenta. Cada pérdida duele. Además, GUG necesita una combinación perfecta para mantenerse con vida, y en el deporte, cuando dependes de otros resultados, los nervios pesan el doble.
Hoy no es solo baloncesto.
Es carácter.
Es sangre fría.
Porque cuando el balón suba al aire por última vez en esta fase regular, alguien celebrará… y alguien tendrá que empezar a pensar en la próxima temporada.











