Concebido por doña Camelia Rodríguez de Ureña, el espacio levantado en el Cerro Angola rinde homenaje a una historia familiar de perseverancia y compromiso con la protección de las montañas.
SAN JOSÉ DE LAS MATAS, Santiago.– El Santuario de Las Tres Cruces, Camino del Cerro, fue bendecido en la cima del Cerro Angola, donde una iniciativa de fe impulsada por doña Camelia Rodríguez de Ureña se ha convertido en un proyecto de conservación ambiental y en una herencia destinada a las futuras generaciones.
La ceremonia se celebró durante una Eucaristía de Acción de Gracias presidida por monseñor Santiago Rodríguez, obispo de la Diócesis de San Pedro de Macorís, acompañado por el obispo emérito Nicanor Peña y una docena de sacerdotes.
Ante familiares, comunitarios y visitantes, monseñor Rodríguez definió el santuario como «un refugio de paz, un lugar de sabiduría, de fe y esperanza».
Una promesa entre las montañas
La historia del proyecto tiene sus raíces en la visión compartida por Camelia Rodríguez y su esposo, Manuel Arsenio Ureña, quienes dedicaron parte de sus esfuerzos a promover la protección de los bosques, las fuentes de agua y el patrimonio natural de La Sierra.
Tras el fallecimiento de su esposo, doña Camelia mantuvo vivo aquel compromiso y decidió levantar tres cruces junto a una imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción.
El arquitecto Miguel Jiménez diseñó las estructuras utilizando acero y madera de caoba, con detalles de inspiración victoriana. El sendero incorpora diez estaciones concebidas como jardines temáticos relacionados con los misterios gloriosos y luminosos de la tradición católica.
Durante la bendición, Juan Manuel Ureña recordó el significado de aquella iniciativa familiar.
«Lo que comenzó con nuestros padres hoy trasciende a nuestra familia y se convierte en un compromiso con estas comunidades y con las nuevas generaciones», expresó.
También reconoció el acompañamiento del Plan Sierra y la vinculación histórica de las comunidades de Mata Grande y Carrizal con la conservación del territorio.
El sacerdote jesuita José Núñez, conocido como padre Chepe, agradeció a doña Camelia «por comprender que la tierra puede convertirse en legado».
Su hijo Augusto José Ureña, Josy, recordó las dificultades que enfrentó su madre para materializar el proyecto, desde los problemas de acceso hasta las condiciones climáticas adversas.
La comunidad también dejó su huella
Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando los muleros de la zona llegaron montados en sus animales para depositar una ofrenda floral ante la imagen de la Virgen, acompañados por los cantos de mujeres de la comunidad.
Participaron también el Coro de Corocito, representantes de Carrizal y Mata Grande, y niños que recitaron un poema.
Integrado al proyecto Camino del Cerro, el santuario ofrece senderos, espacios de contemplación y áreas para acampar, bajo una propuesta de contacto responsable con la naturaleza.
En esas montañas, donde la conservación de los bosques está estrechamente vinculada al agua que necesitan las comunidades, la obra recoge una convicción que acompañó durante años a la familia Ureña Rodríguez: proteger la tierra es también una manera de cuidar el futuro.

