El exseleccionado nacional fue condenado a 60 años de prisión federal en un caso que ha provocado conmoción dentro y fuera del baloncesto dominicano.
La caída de Dagoberto Peña no solo impacta por la severidad de la sentencia. Impacta porque nadie imaginó que un jugador que representó a República Dominicana en el Mundial de Baloncesto 2019 terminaría protagonizando uno de los casos más perturbadores vinculados a un exatleta dominicano en los últimos años.
El nombre de Dagoberto Peña vuelve hoy a los titulares, pero no por triples, victorias o actuaciones dominantes en la cancha. Esta vez, el exdelantero dominicano fue condenado a 60 años de prisión federal en Estados Unidos por delitos relacionados con abuso sexual infantil y explotación de menores. Y la verdad es que el golpe para la imagen del deporte dominicano es enorme.
Peña, de 37 años, se declaró culpable en enero de 2026. La jueza federal Sheri Polster Chappell dictó además libertad supervisada de por vida y la obligación de registrarse como delincuente sexual.
La noticia explotó rápidamente en círculos deportivos porque Dagoberto Peña no era un nombre desconocido. Muy por el contrario. Fue parte de la selección dominicana que participó en la Copa del Mundo FIBA 2019 y construyó una carrera internacional jugando en ligas de Argentina, Venezuela, Uruguay, España y Francia. En República Dominicana también dejó huella en la LNB con equipos como Metros, Cañeros, Soles y Leones.
Pero el giro de esta historia es brutal.
Según los documentos judiciales, entre octubre de 2024 y febrero de 2026, Peña utilizó y persuadió a menores para participar en conductas sexualmente explícitas con el objetivo de producir material audiovisual. La investigación comenzó luego de que un padre descubriera comunicaciones inapropiadas entre Peña y un menor. Ese detalle cambió todo.
Las autoridades federales encontraron mensajes, imágenes y videos en dispositivos electrónicos y cuentas de almacenamiento digital del exjugador. Lo cierto es que la investigación terminó revelando un patrón mucho más grave de lo inicialmente sospechado, incluyendo material relacionado con varias menores.
Y aquí aparece otro elemento que hace todavía más delicado el caso: Peña trabajaba como profesor de educación física y entrenador en Florida.
Ese dato ha generado una mezcla de indignación, decepción y preguntas incómodas. Porque el deporte suele venderse como refugio, disciplina y formación. Sin embargo, casos como este recuerdan que la fama deportiva no garantiza integridad personal.
El FBI y varias agencias especializadas participaron en la investigación, incluyendo el Grupo de Trabajo contra la Explotación Infantil y la Trata de Personas de Fort Myers. El caso fue procesado bajo el Proyecto Infancia Segura, iniciativa del Departamento de Justicia de Estados Unidos creada para combatir delitos sexuales contra menores.
En República Dominicana, la noticia ha provocado fuertes reacciones en redes sociales y dentro del entorno del baloncesto. Muchos todavía intentan entender cómo una figura que vistió el uniforme nacional terminó vinculada a un expediente de esta magnitud.
Y es que el deporte también enfrenta sus momentos más oscuros.
El caso de Dagoberto Peña deja una pregunta incómoda flotando sobre el ambiente deportivo: ¿qué tanto conocemos realmente a quienes convertimos en referentes públicos?
Porque a veces, detrás de los aplausos, hay historias que nadie vio venir.











