La patria como bandera y motor
Albert Pujols no habló primero de alineaciones ni de estrategias. Habló de patria. Y la verdad es que esa palabra fue la que más retumbó en el primer encuentro colectivo de la selección dominicana rumbo al Clásico Mundial 2026.
“Súper agradecido con Dios”, dijo Pujols, recordando aquel 2006 cuando fue parte del equipo en el Clásico inaugural. Hoy regresa, pero desde el dugout, con otra responsabilidad sobre los hombros. Y es que dirigir a República Dominicana no es cualquier tarea. Es, como él mismo dejó claro, una misión cargada de historia. “Esto lo hacemos por la patria”, soltó con firmeza, como quien sabe que no hay frase más poderosa.
El ambiente en el clubhouse, cuentan, era suelto, casi familiar. Estrellas que brillan por luz propia, sí, pero con los egos guardados en el casillero. Manny Machado, Juan Soto, Julio Rodríguez, Sandy Alcántara… nombres que imponen respeto, pero que ahora caminan en una misma página. Y cuando eso pasa, se siente. Se respira.
Ajustes y realidades del torneo corto
Además del discurso emotivo, hubo decisiones concretas. El gerente general Nelson Cruz confirmó que Joan Rojas no estará con el equipo por asuntos personales. En su lugar entra Union Lake, a quien definió como un “gamer”, un jugador probado, consistente, de esos que no se esconden cuando la presión aprieta.
Porque si algo dejó claro Albert Pujols, es que en este torneo no hay rivales débiles. Aquí no hay margen para dormirte. Hay que anotar temprano, defender como si fuera el último inning y administrar el bullpen con cabeza fría. Exactamente como en aquella gesta inolvidable de 2013, cuando República Dominicana levantó el trofeo de manera invicta. Imagínate repetir algo así… se te pone la piel de gallina.
El regreso al Estadio Quisqueya Juan Marichal ha sido, según cuentan, una dosis extra de energía. Desde el aeropuerto hasta el hotel, pasando por cada saludo en las gradas, el equipo ha sentido el respaldo del pueblo. Y eso pesa. Pesa bien.
Para Albert Pujols, este reto tiene un sabor especial. No es solo dirigir. Es representar. Es dejar los apellidos a un lado y jugar por algo más grande. Por la bandera. Por la historia. Por la patria.
Y si algo quedó claro en ese primer encuentro, es que el camino hacia otra corona mundial ya empezó a escribirse.











